El Sevilla FC volvió a caminar por el alambre en el Ramón Sánchez-Pizjuán, pero salió con vida gracias a una mezcla de orgullo tardío, cantera al rescate y un portero que sostuvo al equipo cuando todo amenazaba con venirse abajo.
El empate frente al Girona FC dejó sensaciones encontradas: alivio por el punto y preocupación por un rendimiento que sigue sin despegar.
Un inicio que heló Nervión
- El Sevilla FC volvió a caminar por el alambre en el Ramón Sánchez-Pizjuán, pero salió con vida gracias a una mezcla de orgullo tardío, cantera al rescate y un portero que sostuvo al equipo cuando todo amenazaba con venirse abajo.
- El empate frente al Girona FC dejó sensaciones encontradas: alivio por el punto y preocupación por un rendimiento que sigue sin despegar.
El guion arrancó torcido desde el primer suspiro. A los dos minutos, Thomas Lemar adelantó al Girona y encendió las alarmas en la grada. El Sevilla acusó el golpe y necesitó tiempo para asentarse, mientras el conjunto catalán encontraba espacios y olía sangre. En ese tramo, el marcador pudo ampliarse, pero apareció la figura que acabaría marcando el partido.
Vlachodimos sostiene al equipo
El guardameta griego Odisseas Vlachodimos pasó de la duda inicial a convertirse en salvavidas. Intervino con reflejos ante intentos claros del Girona y mantuvo con vida a un Sevilla que, sin fluidez ni precisión, sobrevivía más por fe que por fútbol. Cada parada era un balón de oxígeno para un equipo atenazado.
Empuje sin premio… hasta el descuento
Tras el descanso, los de Matías Almeyda adelantaron líneas y cargaron el área, aunque sin la claridad necesaria para romper el entramado visitante. El tiempo corría y la mediocridad amenazaba con convertirse en derrota. Pero cuando el reloj ya agonizaba, apareció la rebeldía.
La cantera da la cara y el portero remata la faena
En el minuto 92, Kike Salas cazó una segunda jugada y la mandó a la escuadra para desatar la locura. Aún quedaba el último susto: penalti para el Girona en el añadido. Cristhian Stuani asumió la responsabilidad, pero Vlachodimos leyó el lanzamiento y detuvo la pena máxima, sellando un punto que supo a rescate.
El reparto deja al Girona con 26 puntos y al Sevilla con 25, ambos todavía mirando de reojo a la zona peligrosa. En Nervión, al menos, quedó claro que mientras haya orgullo y un portero en modo gigante, aún hay margen para creer.