El Athletic Club rompió por fin su sequía liguera, pero lo hizo dejando más interrogantes que certezas. La victoria ante el Levante UD puso fin a seis jornadas sin ganar, aunque el desarrollo del partido volvió a evidenciar que el equipo rojiblanco continúa lejos de la solidez que exige su ambición.
Una roja que lo cambió todo demasiado pronto
El encuentro quedó condicionado desde muy temprano. La expulsión de Alan Matturro, cuando apenas se había asentado el choque, dejó al Levante con uno menos durante más de 70 minutos. Un escenario ideal para el Athletic… al menos sobre el papel. Con superioridad numérica y el control del balón, San Mamés esperaba una tarde plácida.
Guruzeta marca el camino antes del descanso
El dominio encontró premio con un doblete de Gorka Guruzeta, que volvió a demostrar que atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Dos golpes casi consecutivos permitieron al Athletic irse al intermedio con ventaja cómoda y la sensación de partido encarrilado, aunque sin un juego especialmente brillante.
Relajación peligrosa y un final fuera de control
Tras el descanso, los de Ernesto Valverde optaron por administrar la renta. El problema fue que esa gestión rozó la pasividad. El Levante, herido pero no rendido, se rebeló en el tramo final con dos tantos que pusieron el miedo en el cuerpo a la grada. El Athletic respondió a cada golpe, primero con Nico Serrano y, ya en la última acción, con Robert Navarro, que firmó el 4-2 definitivo.
Tres puntos que alivian la tabla, no el debate
El triunfo permite a los rojiblancos abrir distancia con la zona baja, pero no despeja el runrún que rodea al equipo. Con un rival en inferioridad durante gran parte del encuentro, el Athletic volvió a sufrir más de lo esperado, alimentando la sensación de fragilidad que se repite en San Mamés.
Pensando en Europa y en el reto copero ante la Real Sociedad, el mensaje es claro: ganar es obligatorio, pero convencer empieza a ser urgente.