La presión por sobrevivir en Primera RFEF pasó factura al Atlético Sanluqueño. Un partido áspero en El Maulí dejó un poso amargo más allá del resultado: un enfrentamiento interno que cruzó líneas y acabó con la Policía mediando en los vestuarios. El fútbol de barro, cuando aprieta, no perdona.
El contexto: permanencia, nervios y un vestuario al rojo vivo
La lucha por no caer a la lona en el Grupo 2 exige nervio templado y cabeza fría. Pero el duelo ante el Antequera CF tensó la cuerda. Con el equipo tocado tras una primera parte espesa, el ambiente se enrareció y la calma saltó por los aires.
Primer roce: un cambio que encendió la mecha
Tras una sustitución en pleno partido, se produjo un intercambio áspero en la zona de vestuarios. La bronca, lejos de quedarse en palabras, derivó en un episodio físico que elevó el tono del conflicto interno. En escenarios así, cada gesto pesa como una losa.
Segundo episodio: intervención policial y parte de lesiones
Minutos después, ya con otro futbolista conmocionado por un golpe, la situación volvió a desbordarse. El altercado requirió la presencia de la Policía para restaurar el orden y se levantó un parte por posibles lesiones. El foco dejó de estar en el césped y pasó a los pasillos.
Reacciones: disculpas, silencio y el eco institucional
El directivo implicado, Coke Andújar, pidió disculpas a los jugadores y atribuyó lo sucedido a los nervios del momento. No hubo denuncia inmediata, pero el caso llegó a la Asociación de Futbolistas Españoles, que ya tiene conocimiento de los hechos. Los futbolistas, por su parte, optaron por el silencio.
Vestuarios bajo presión
Cuando la permanencia aprieta, el vestuario debe ser refugio, no ring. El Sanluqueño se juega mucho en las próximas jornadas y necesita cerrar filas. Porque en esta categoría, el que se distrae fuera del campo, lo paga dentro.