Un cambio de rumbo que lo cambió todo
El Real Oviedo vive una de las etapas más delicadas de su historia reciente. Los números no mienten y el contexto tampoco ayuda: el equipo azul no conoce la victoria desde el mes de septiembre, cuando Veljko Paunović aún dirigía al conjunto carbayón desde el banquillo del Carlos Tartiere.
Paradójicamente, aquel técnico fue destituido sin que el equipo estuviera en puestos de descenso y tras haber superado un calendario de máxima exigencia, con enfrentamientos ante gigantes como Real Madrid, FC Barcelona o Villarreal. El club optó entonces por girar el timón… y el barco empezó a hacer agua.
El discurso que marcó el punto de ruptura
La decisión tuvo un respaldo claro desde la propiedad. Jesús Martínez, máximo responsable del club, justificó el relevo con un mensaje ambicioso que hoy resuena como una losa: no había que hablar de permanencia, sino de aspirar a puestos europeos. Una declaración de intenciones que elevó las expectativas… y también la presión.
Desde ese momento, el Oviedo entró en una espiral negativa que ni dos entrenadores posteriores han sido capaces de frenar.
Números que explican la crisis
El balance tras la salida de Paunović es demoledor: 13 jornadas sin ganar, con 0 victorias, 7 empates y 6 derrotas. Apenas 7 puntos de 39 posibles que han condenado al equipo a ser el colista descolgado de LaLiga. La confianza se esfumó, el juego perdió identidad y el Tartiere pasó de rugir a murmurar con preocupación.
En fútbol, cuando no se gana, todo pesa más: las piernas, las decisiones y hasta el escudo.
El golpe copero, otra herida abierta
Como si el campeonato no fuera suficiente castigo, la Copa del Rey añadió sal a la herida. El Oviedo quedó eliminado de forma contundente tras caer goleado ante el Ourense CF, conjunto de Primera Federación. Un tropiezo inesperado que terminó de encender las alarmas y dejó claro que el problema va más allá de un simple bache.
Un futuro en el aire
Hoy, el Real Oviedo camina por la cuerda floja. El margen de error es mínimo y la sensación es que el equipo necesita algo más que un nuevo entrenador: hace falta un golpe de timón en lo deportivo, en lo anímico y en el discurso. Porque en el fútbol, como en la vida, soñar con Europa sin asegurar el suelo puede acabar en caída libre.