Javi Vázquez empieza a ganar un partido que no aparece en las clasificaciones: el de la confianza del racinguismo. El entrenador madrileño llegó a Ferrol con un discurso ambicioso, una idea clara de lo que quería construir y la promesa de dejarse la piel. Siete jornadas después, el Racing todavía tiene camino por recorrer, pero su técnico ya ha conseguido algo importante: que alrededor del equipo se respire una sensación creciente de unión.
El sábado, en Riazor, hubo una imagen que explicó buena parte de esa conexión. Vázquez vivió el derbi ante el Fabril, resuelto con victoria racinguista por 0-1, con intensidad desde la zona técnica. Y, cuando llegó el final, compartió con los suyos y con la afición desplazada una alegría que iba más allá de tres puntos: era la primera victoria a domicilio de la temporada, conquistada además en un escenario de enorme carga emocional.
Un entrenador que dirige también desde la banda
Vázquez no es un técnico que pase inadvertido durante los encuentros. Está pendiente de sus futbolistas, corrige, anima, acompaña las acciones y vive el partido de pie, muy cerca de lo que sucede sobre el césped. Esa manera de estar refuerza la imagen de un entrenador implicado hasta el último minuto, tanto en el desarrollo del juego como en la respuesta emocional de su plantilla.
Su otra fortaleza está delante de los micrófonos. Habla con soltura, explica sus decisiones y acostumbra a dar argumentos futbolísticos sin parapetarse en frases hechas. No vende una victoria como si todo hubiese salido perfecto ni transforma una derrota en una catástrofe. Ese equilibrio entre convicción y autocrítica es una de las razones por las que su mensaje empieza a calar entre los seguidores verdes.
Después de ganar en Riazor volvió a demostrarlo. Lejos de dejarse llevar por la euforia, admitió que el Racing no había desarrollado su mejor fútbol y valoró especialmente la capacidad del equipo para resistir con diez tras la expulsión de Álvaro Ramón. Una lectura exigente de un triunfo importante, que M90 ya recogió en sus declaraciones posteriores al derbi.
Una idea que comenzó el día de su presentación
La conexión actual tiene su origen en junio. Durante su presentación, Vázquez dejó una frase que definía su propósito: «Quiero un equipo con identidad, reconocible, con alma… que transmita». No hablaba únicamente de sistemas, presión o posesión; quería construir un grupo en el que el compromiso fuese reconocible desde la grada.
También explicó su ambición personal. Tras su etapa en el Algeciras, veía en el Racing una oportunidad para crecer profesionalmente al mismo tiempo que el club aspiraba a recuperar el fútbol profesional. A sus 39 años cuando se anunció su llegada, ya acumulaba experiencia en diferentes banquillos, pero conservaba ese punto de hambre propio de quien siente que todavía tiene mucho por conquistar.
Otro concepto que utilizó desde el primer día fue el de «crear una familia». Y no parece una frase lanzada para quedar bien: durante la pretemporada ya habló de la cohesión del vestuario y de actividades destinadas a generar vínculos. El trabajo cotidiano de su equipo técnico forma parte de ese propósito. Carlos Díaz Maño es su segundo entrenador; Javi Cieza trabaja la preparación física y Christian Parra, el análisis táctico, dentro de una estructura en la que también participan Fernando Currás, Fer López y Miguel Gallego.
Los resultados empiezan a acompañar
El Racing arrancó con un empate ante el Arenas (1-1) y una derrota frente al Extremadura (1-0), antes de sumar victorias contra el Real Unión (3-2) y el Barakaldo (1-0). El tropiezo en el derbi de Lugo (1-0) puso a prueba la evolución del equipo, que respondió con un 2-0 ante el Pontevedra y el reciente 0-1 frente al Fabril. Cuatro victorias en siete jornadas, tres de ellas en los últimos cuatro encuentros, representan un respaldo tangible a una construcción que todavía no está terminada.
Pero el dato por sí solo no explica el momento. En Riazor el equipo sufrió, jugó durante buena parte de la segunda mitad en inferioridad y defendió una ventaja mínima. No fue una exhibición, y su propio entrenador fue el primero en reconocerlo. Sí fue una prueba de resistencia colectiva, de esas que ayudan a fortalecer un vestuario cuando aparecen las dificultades.
La comunión que necesitaba A Malata
Que un entrenador conecte con su afición no garantiza ascensos ni evita las malas rachas. En Primera Federación, donde cada semana exige competir al límite, el prestigio hay que renovarlo continuamente. Sin embargo, el Racing parece haber encontrado en Vázquez una figura capaz de unir la exigencia del banquillo con la ilusión de una grada que quiere volver a mirar hacia arriba.
La próxima visita de Unionistas a A Malata pondrá otro examen sobre la mesa. Entretanto, el técnico ya ha logrado que sus palabras de junio no suenen lejanas: la identidad que prometió empieza a dibujarse, el vestuario responde en los momentos incómodos y la afición reconoce el esfuerzo. Javi Vázquez quería crecer con el Racing. De momento, ambos empiezan a hacerlo juntos.
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