El Deportivo se marchó de Anoeta sin puntos, pero con una noticia que trasciende el 3-2: Yeremay Hernández volvió a marcar diferencias con el balón en los pies. En su segunda titularidad de la temporada, el canario completó los noventa minutos, provocó desequilibrios constantes y anotó su primer gol en Primera División. La derrota empañó una actuación que apunta a ser un punto de inflexión en su regreso al máximo nivel.
Ocho regates y una precisión de pase del 97%
Las cifras recogidas por el diario AS dibujan un partido de enorme influencia individual: ocho regates completados de nueve intentados, 30 pases acertados de 31, tres ocasiones creadas y cuatro remates. No fueron únicamente adornos. Desde el arranque buscó rivales de frente, atrajo marcas y abrió espacios allí donde el Deportivo necesitaba una solución para escapar de la presión de la Real Sociedad.
Yeremay apareció por dentro y por ambas bandas, sin quedar atado a una sola zona. Esa movilidad dio alternativas a los compañeros y convirtió al ’10’ en uno de los motores de la reacción coruñesa tras el 3-0. El buen registro de pase resulta especialmente llamativo en un futbolista que asume riesgos en los metros decisivos.
Un estreno goleador con sabor amargo
Su gol llegó desde el punto de penalti para colocar el 3-2 y meter de lleno al Dépor en la pelea por el empate. El atacante no escondió su mezcla de satisfacción y frustración al terminar: «Es un sueño, pero me voy jodido por las ocasiones que fallé», declaró en palabras recogidas por AS.
La pena máxima reafirmó una especialidad: según el recuento del mismo medio, ha convertido 17 de los 18 penaltis que lanzó con la camiseta deportivista desde sus años de formación. Nueve de ellos han llegado de forma consecutiva. El único fallo de esa serie histórica se produjo frente al Tenerife, cuando envió el balón al larguero.
El regreso de una pieza decisiva
Las molestias de pubalgia habían condicionado su inicio de campeonato. Hasta Anoeta solo había salido de inicio contra el Sevilla, en un encuentro en el que jugó 57 minutos. Esta vez resistió el partido completo y recuperó gestos que lo han distinguido: arrancadas explosivas, cambios de ritmo y valentía para insistir después de perder una acción.
El tanto también puso fin a una sequía que se remontaba al 20 de abril, cuando marcó al Mirandés, igualmente de penalti. Su recuperación futbolística coincide con un momento de especial necesidad ofensiva para el Deportivo, que debe encontrar respuestas sin el lesionado Aubameyang.
No hubo remontada, como cuenta la crónica de la derrota ante la Real Sociedad, pero sí señales de un Yeremay mucho más cercano a su mejor versión. Para Hidalgo, disponer de ese desequilibrio durante noventa minutos puede cambiar los planes de ataque de las próximas jornadas. El reto ahora es convertir su influencia individual en puntos.