El Fabril ganó 2-0 al Real Unión, sumó su segunda victoria del curso y se instaló en la zona alta de Primera Federación. Pero Manuel Pablo no salió satisfecho de Riazor. El técnico valoró los tres puntos, aunque dejó un mensaje que retrata bien el nivel de exigencia con el que está afrontando el salto de categoría: «No nos puede engañar el resultado».
El filial volvió a competir y volvió a sumar, pero sufrió demasiado para el gusto de su entrenador. El Real Unión encontró vías para llegar con peligro, apretó la salida blanquiazul y obligó al Fabril a vivir muchos minutos lejos del partido que había planteado.
Ganar no bastó para Manuel Pablo
El propio club recogió después del encuentro la autocrítica del técnico. Manuel Pablo admitió que los puntos dan tranquilidad, pero reconoció que el equipo había concedido demasiadas situaciones de gol y que el marcador no debía esconder los problemas que aparecieron durante el partido.
Ese análisis encaja con lo que había advertido en la previa. El entrenador ya había señalado que el Real Unión era un rival muy físico, capaz de apretar arriba y de obligar al Fabril a gestionar contextos incómodos. Durante el encuentro, el filial tuvo dificultades para superar las primeras líneas de presión y perdió balones en zonas que generaron peligro.
Aun así, resistió, mantuvo la portería a cero y terminó resolviendo con los goles de Álvaro Fraga y Mardones. La victoria ante el Real Unión elevó al Fabril hasta los ocho puntos después de cinco jornadas.
Una exigencia propia de un equipo de formación
En un filial, el resultado importa, pero no puede ser el único criterio. Manuel Pablo lleva tiempo insistiendo en que el objetivo pasa por competir sin renunciar al desarrollo individual y colectivo de los jugadores. Por eso una victoria puede convivir con una lectura crítica del rendimiento.
La idea no es menor en una categoría como Primera Federación. El Fabril se enfrenta cada semana a rivales más hechos, con futbolistas de mayor experiencia y equipos acostumbrados a manejar partidos de contacto, presión y segundas jugadas. Para muchos jugadores blanquiazules, además, este curso supone el estreno en la categoría.
El entrenador ya había avisado días antes de que el equipo debía seguir creciendo en los duelos, en la salida tras recuperación y en la capacidad para convertir la presión alta en ocasiones. El 2-0 no cambió ese diagnóstico.
Un filial condicionado por las bajas y por el primer equipo
El contexto añade valor al arranque. Ante el Real Unión no estuvieron disponibles por lesión Noé, Manu Ferreiro, Manu, Damián Canedo, Dipanda y Dani Estévez, según informó el Deportivo. A eso se suma el movimiento habitual de futbolistas entre el filial y el primer equipo.
Kevin Sánchez había sido titular con el Dépor en el amistoso frente al Penafiel y comenzó el partido del Fabril en el banquillo. Mauro Valeiro también había tenido minutos con el primer equipo en Portugal. La plantilla de Manuel Pablo debe convivir, por tanto, con una realidad propia de cualquier filial: formar jugadores para que suban, aunque eso pueda restar piezas en determinados momentos.
Ese escenario hace todavía más llamativo el inicio competitivo. El Fabril ha perdido solo uno de sus cinco primeros partidos, suma ocho puntos y está a dos de la zona de playoff. Como contamos en M90, su arranque mejora incluso el del Deportivo 2023/24 tras cinco jornadas.
El mensaje pesa más que la clasificación
La frase de Manuel Pablo después del 2-0 tiene más recorrido que una simple crítica al partido. El técnico no quiere que una victoria tape defectos que pueden penalizar al filial cuando el acierto no acompañe.
Ahí está probablemente una de las claves de este Fabril. El equipo está obteniendo resultados, pero su entrenador sigue poniendo el foco en cómo los consigue. La clasificación permite trabajar con tranquilidad; la exigencia pretende evitar que esa tranquilidad se convierta en conformismo.
El siguiente examen llegará en Las Gaunas ante la UD Logroñés, uno de los equipos que marca el ritmo del grupo. Un escenario ideal para comprobar si el Fabril transforma la autocrítica del sábado en otro paso adelante.