El Celta ha encontrado una vía de crecimiento que no pasa únicamente por el balón ni por su capacidad para atacar. Después de siete jornadas de LaLiga, el equipo de Claudio Giráldez solo ha encajado seis goles y ha dejado su portería a cero en tres ocasiones. Son números que obligan a rebobinar más de veinte años para encontrar un arranque defensivo mejor en Vigo.
El registro coloca al conjunto celeste entre los menos goleados de Primera y da todavía más valor al salto competitivo que se percibe en las últimas semanas. No es un dato aislado: detrás hay una estructura más sólida, menos concesiones y una defensa que empieza a sostener partidos incluso cuando el equipo no domina todos los escenarios.
Un arranque defensivo que conecta con el Celta europeo
Los seis goles recibidos en las siete primeras jornadas constituyen el tercer mejor inicio defensivo del Celta en el siglo XXI. Solo hay dos precedentes superiores: los cinco goles encajados en la temporada 2001/02 y los cuatro del curso 2002/03. El paralelismo llama la atención porque aquellas dos campañas acabaron con clasificación europea; en la segunda, el equipo alcanzó por primera vez en su historia la Champions League.
La comparación no convierte este inicio en una predicción, pero sí sirve para dimensionar el dato. El actual Celta ha conseguido tres porterías a cero en siete partidos, algo que en este siglo únicamente había ocurrido también en aquellos dos cursos de comienzos de los 2000.
La mejora se entiende mejor si se observa la evolución de una zaga en la que Yoel Lago se ha ganado un papel protagonista. El canterano ha crecido hasta convertirse en una de las piezas más fiables del equipo y su rendimiento ya ha tenido reconocimiento más allá de Vigo, después de entrar entre los candidatos sub-23 de LaLiga.
El Celta concede menos y se protege mejor con balón
Los datos avanzados recogidos por AS a partir de BeSoccer refuerzan esa sensación. El Celta presenta un promedio de 1,03 goles esperados en contra por partido y encaja 0,85. Además, recibe 3,86 tiros a puerta por encuentro, una de las cifras más bajas de la competición.
La clave no está únicamente en defender cerca del área. El equipo de Giráldez también se protege a través de la posesión: aparece entre los conjuntos que más pases intentan y entre los que menos pérdidas acumulan. Tener la pelota, en este caso, también es una forma de cerrar caminos hacia la portería propia.
Ese equilibrio era una de las asignaturas pendientes de un Celta que en etapas recientes había sido capaz de producir fútbol ofensivo, pero sufría demasiado cuando el partido se abría. La sensación actual es diferente. El bloque concede menos metros, llega mejor a las ayudas y está empezando a convivir con registros distintos sin descomponerse.
Una base sobre la que construir
La goleada ante el Racing de Santander reforzó la confianza, pero el dato defensivo viene de más atrás. El Celta ya había dejado señales de mayor estabilidad y ahora las cifras empiezan a darle forma. También ayuda que varios futbolistas hayan dado un paso adelante dentro de una plantilla en la que se están reordenando las jerarquías.
Queda mucho campeonato y el propio Giráldez dispone del parón para ajustar aspectos que todavía tienen margen de mejora, como la recuperación inmediata tras pérdida. Pero el punto de partida es significativo: seis goles encajados, tres porterías a cero y un registro que obliga a mirar a los mejores arranques defensivos del Celta de este siglo.
En un equipo acostumbrado a que los focos apunten hacia quienes deciden en campo contrario, esta vez la noticia está unos metros más atrás. Y no es pequeña.