Hay una diferencia importante entre pedir fe y tener motivos para confiar. El Celta, pese a un arranque de temporada muy por debajo de las expectativas en resultados, pertenece ahora mismo al segundo grupo. Eso es lo que subraya David González, responsable del Área Celtista, cuando recuerda que este mismo equipo ya atravesó turbulencias y terminó respondiendo.
«Hay que confiar en estos jugadores, en este cuerpo técnico porque ya lo han demostrado», explicó González en Galicia en Goles, poniendo el foco en una idea que merece algo más que una lectura emocional. El Celta viene de encadenar dos clasificaciones europeas consecutivas con Claudio Giráldez y, en la temporada 2025/26, incluso alcanzó los cuartos de final de la Europa League y terminó sexto en LaLiga. No estamos, por tanto, ante un proyecto que pida paciencia apoyándose únicamente en una promesa. Ya tiene hechos detrás. La goleada ante el Racing fue el primer alivio de este curso, pero el argumento de fondo es bastante más amplio.
La confianza no puede ser un cheque en blanco
Eso no significa que todo deba analizarse con una sonrisa obligatoria. El inicio ha sido malo. El Celta necesitó siete jornadas para ganar su primer partido de Liga y también abrió su camino europeo con derrota ante el Omonia. Durante varias semanas le costó muchísimo transformar la posesión en ocasiones y los partidos se le fueron haciendo cada vez más espesos.
Giráldez tampoco ha escondido esa realidad. Tras caer en Chipre habló de un momento en el que «todo sale cruz», pero mantuvo su confianza en el modelo. Y ahí está quizá la clave del debate: confiar no implica negar lo que está fallando. Implica distinguir entre un equipo que no encuentra respuestas y otro que, aun atravesando una mala fase, conserva una estructura reconocible y antecedentes recientes que sostienen la apuesta.
El 5-0 al Racing sirve precisamente para eso. No convierte de golpe el arranque en bueno, pero sí demuestra que hay capacidad para salir del barro. También volvió a enseñar que el banquillo puede cambiar partidos, que Borja Iglesias altera el ataque, que Pablo Durán sigue teniendo gol y que futbolistas como Miguel Román o Yoel Lago están preparados para asumir responsabilidades. La recuperación de jerarquías y la aparición de los emergentes son parte de la explicación.
Giráldez ya pasó por aquí
La comparación con la temporada pasada tiene sentido, aunque conviene manejarla con cuidado. Ninguna campaña es una copia de la anterior y el calendario, las lesiones y el desgaste europeo pueden cambiarlo todo. Pero sí existe una constante: cuando el equipo de Giráldez ha atravesado momentos de duda, ha conseguido salir sin renunciar a su identidad.
Ese dato vale más que cualquier discurso tranquilizador. El técnico ya ha demostrado que sabe reconstruir dinámicas sin desmontar el plan. Y la plantilla, con cambios respecto al curso anterior, mantiene una base que entiende lo que se le pide. Por eso la paciencia del celtismo tiene hoy una base deportiva más sólida que hace dos o tres años.
Gol también forma parte del momento del club
La reflexión de David González no se queda en el césped. La inminente apertura de la nueva grada de Gol representa otro de esos pequeños hitos que explican que alrededor del Celta exista ahora una sensación de crecimiento estructural que va más allá del resultado del domingo.
El club lleva años conviviendo con una demanda evidente de abonados y con un Balaídos condicionado por las obras. Poder cerrar el estadio y ampliar capacidad significa recuperar ambiente, ingresos y, sobre todo, gente que lleva demasiado tiempo esperando una oportunidad para entrar. Balaídos volverá a tener una gran cita ante el Betis el 25 de octubre, en un escenario que poco a poco se acerca a la versión que el celtismo lleva años esperando.
El verdadero examen viene ahora
La victoria ante el Racing ha frenado la ansiedad, pero no ha resuelto el curso. El Celta tiene por delante la obligación de demostrar que aquel 5-0 no fue un oasis, sino el comienzo de una recuperación. Necesita ganar continuidad, recuperar a piezas importantes —Aspas espera estar disponible tras el parón— y volver a convertir su volumen de juego en puntos.
El optimismo que plantea el Área Celtista tiene sentido precisamente porque no parte de cero. Este equipo ya ha enseñado dónde puede llegar. Ahora toca demostrar que también sabe volver allí.
La confianza, en fútbol, nunca debe ser ciega. Pero cuando un proyecto ya ha presentado pruebas, tampoco tiene sentido tratar cada mal septiembre como si todo lo anterior hubiese desaparecido.
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