El técnico del Compostela asume el 0-3 ante el Marino como un aviso útil, señala las transiciones como el gran problema del estreno y pide corregir sin perder confianza.
Carlos de Lerma no quiere que el 0-3 ante el Marino de Luanco desvíe al Compostela de su hoja de ruta. El técnico asumió que su equipo estuvo lejos de controlar varios de los escenarios que sabía que podía plantear el conjunto asturiano, pero fue igualmente contundente al defender el proyecto: «Cero dudas en cuanto a la idea y cero dudas en cuanto a la plantilla».
La derrota en el Vero Boquete dejó una lectura clara para el entrenador. El Compos permitió demasiadas transiciones, especialmente en la primera mitad, y el Marino explotó justo el tipo de situaciones que el cuerpo técnico había señalado antes del encuentro. «La realidad es que les hemos dado de comer durante la primera mitad», resumió De Lerma, convencido de que ante un rival con tanta experiencia ese tipo de concesiones se pagan muy caras.
Un golpe para ubicarse en Segunda Federación
De Lerma insistió en que el contexto de esta temporada obliga a elevar el nivel de exigencia. El Compostela viene de dominar muchos partidos en Tercera Federación, pero ahora compite en una categoría en la que los errores tienen otra penalización. Para el técnico, el estreno debe servir para acelerar ese aprendizaje.
«Esto nos tiene que servir, sobre todo, para aprender, para saber dónde estamos, hacia dónde podemos ir y hacia dónde tenemos que ir», explicó. Más que dramatizar el marcador, el entrenador entiende el partido como una referencia útil para medir lo que exige la Segunda Federación. «Este partido lo tomo como un aprendizaje. Sinceramente, creo que hasta nos viene bien para ubicarnos».
La crónica del 0-3 ante el Marino ya dejó esa misma sensación: el Compostela tuvo fases de control y volumen con balón, pero quedó demasiado expuesto cuando perdía la posesión y no encontró eficacia en el área rival.
El problema no fue solo defender las transiciones
El análisis de De Lerma fue más amplio. El técnico también lamentó la falta de pausa y claridad en los metros finales. El Compostela generó situaciones para acercarse al gol, pero no terminó de encontrar la línea de fondo ni ventajas limpias dentro del área. Su sensación fue especialmente gráfica: «Si jugamos cinco días no metemos hoy ningún gol».
El 0-2 obligó además al Compos a asumir todavía más riesgos. Al adelantar líneas, cargar el área con más jugadores y buscar con más insistencia el gol, el equipo dejó aún más espacio para que el Marino amenazase al contraataque. Esa fue otra de las conclusiones que el cuerpo técnico deberá trabajar de inmediato.
De Lerma tampoco cuestiona el potencial del grupo. Días antes del estreno ya había dejado claro que estaba muy satisfecho con la plantilla construida para el regreso a Segunda Federación. Tras la derrota mantiene exactamente el mismo discurso y la misma confianza en sus futbolistas.
Sin tiempo para recrearse en la derrota
El calendario tampoco permite demasiado análisis en frío. El Compostela recibe este miércoles al CD Derio en la fase nacional de la Copa Federación, una eliminatoria a partido único que ofrece una oportunidad inmediata para reaccionar. El encuentro está fijado para el 9 de septiembre en el Vero Boquete de San Lázaro.
«Hay que poner ya el foco en lo siguiente», señaló De Lerma. La prioridad pasa por corregir las situaciones que hicieron daño ante el Marino y evitar que se repitan. El técnico tiene claro que estar al inicio del campeonato da margen para mejorar, pero no para perder tiempo: «Hay tiempo para corregir, pero no hay que regalar días».
La afición, el punto de apoyo
Dentro de una tarde difícil, De Lerma sí destacó la respuesta de la grada. Con el equipo 0-3 abajo, todavía se escucharon cánticos de apoyo desde las gradas del Vero Boquete. El entrenador lo puso en valor y reivindicó la conexión que quiere construir con la afición compostelanista.
El golpe ante el Marino fue duro, pero el mensaje desde el banquillo es inequívoco: autocrítica en lo que salió mal, aprendizaje rápido y ninguna fisura en la confianza. El siguiente examen llega en apenas 48 horas.