La RFEF ya ha admitido oficialmente al conjunto de O Carballiño en Tercera Federación, con carácter condicional, y el foco pasa por fin de los despachos a una reconstrucción deportiva levantada a contrarreloj
El CD Arenteiro empieza a dejar atrás el verano más angustioso de su historia reciente. Después del descenso deportivo desde Primera Federación, del castigo administrativo que lo empujó hasta Tercera y de varias semanas en las que cada plazo parecía esconder una nueva amenaza, el club de O Carballiño ya figura oficialmente inscrito para competir en la temporada 2026/27. La resolución federativa introduce la fórmula “con carácter condicional”, pero el matiz no devuelve al Arenteiro al punto de partida: el club ha regularizado las obligaciones que bloquearon su situación y dispone ya de la habilitación necesaria para preparar el curso.
La confirmación completa el último capítulo de una carrera contra el reloj. El pasado 7 de agosto el Arenteiro había conseguido saldar la deuda pendiente y desbloquear su situación federativa. Un día después llegó la resolución del Juez Único de Competiciones No Profesionales que formalizó la inscripción. Después de semanas hablando de avales, impagos, plazos y posibles consecuencias, en Espiñedo ya pueden volver a hablar principalmente de fútbol.
Qué significa realmente la inscripción condicional
La palabra “condicional” puede generar inquietud después de todo lo vivido, pero no debe interpretarse como una nueva sanción ni como una vuelta a la casilla de salida. La RFEF utiliza este tipo de resoluciones en los procesos de inscripción de competiciones no profesionales mientras se materializan determinados compromisos adquiridos por los clubes y se completa el engranaje administrativo de las categorías.
En el caso del Arenteiro, el paso decisivo estaba en regularizar las cantidades pendientes en las comisiones mixtas y en el Comité Jurisdiccional, presentar los avales exigidos y afrontar las obligaciones mantenidas con la propia Federación. Ese recorrido ya se ha completado y permite al club competir. No borra el daño que ha provocado el verano, pero sí modifica por completo el escenario: la pregunta ya no es si el Arenteiro podrá salir, sino qué Arenteiro será capaz de construir para salir.
Una plantilla levantada prácticamente desde cero
La dirección deportiva encabezada por Álex Fernández ha tenido que trabajar a una velocidad poco habitual. El nuevo proyecto arrancó con 15 incorporaciones y ocho juveniles en dinámica de pretemporada, una reconstrucción masiva obligada por la desbandada que siguió al derrumbe económico y deportivo del curso anterior. La primera gran tanda de refuerzos ya dibujó un equipo con juventud, físico, conocimiento del fútbol gallego y varios retornos.
Entre las piezas aparecen el portero Esteban Ruiz, Ocampo, Bastos, Dani Real, los hermanos Toño y Martín Nespereira, Biho Hwang, Adrián Rodríguez, Williams Fode, Awuley Abdul, João Gabriel Carvalho o Martín Lamelas. A esa nómina se añadió después Rubén González “Rubi”, incorporado para aumentar el peso goleador del ataque. El resultado es una plantilla con muy poco tiempo de convivencia, pero también con suficientes perfiles distintos para que Marc Vidal pueda empezar a dar forma a un bloque reconocible.
Marc Vidal, ante un trabajo que va mucho más allá de la pizarra
El técnico Marc Vidal ha heredado una tarea que excede el trabajo táctico habitual de una pretemporada. Necesita acelerar automatismos, ordenar una plantilla confeccionada en tiempo récord y, al mismo tiempo, recuperar la sensación de normalidad alrededor de un vestuario que nació mientras el club todavía peleaba por resolver su futuro administrativo. Su regreso a Espiñedo, acompañado por Eliberto Vidal en el cuerpo técnico, forma parte de la apuesta por reconstruir también los vínculos internos del proyecto.
El 0-3 encajado ante el Pontevedra en el Trofeo Festa do Pulpo dejó claro el enorme margen de trabajo de un equipo ensamblado con urgencia, pero aquella fotografía ya pertenece a una fase muy temprana de la preparación. Ahora el Arenteiro dispone de algo que hace apenas unas semanas no estaba garantizado: tiempo para entrenar sin que cada sesión quede subordinada a una cuenta atrás en los despachos.
Espiñedo vuelve a mirar al césped
Entre los compromisos de preparación ya anunciados aparece el amistoso del 19 de agosto ante la SD Chantada en O Espiñedo, otra oportunidad para que el nuevo Arenteiro acumule minutos y reduzca la distancia competitiva respecto a rivales que comenzaron el verano con estructuras mucho más estables. Cada partido tiene ahora un valor añadido: no se trata únicamente de preparar la primera jornada, sino de convertir una colección de fichajes en un equipo.
El golpe ha sido enorme. En cuestión de meses, el Arenteiro pasó de competir en Primera Federación a verse obligado a reconstruirse en Tercera por problemas ajenos al césped. Pero la fase de supervivencia administrativa parece por fin superada. Desde ahora, el examen cambia de escenario. Será Espiñedo, el mercado y la competición quienes determinen si este proyecto de emergencia puede convertirse en algo más que una plantilla reunida contra el reloj.