España se corona campeona del Europeo Sub-19 femenino por quinta vez consecutiva, un logro sin precedentes en la historia de la competición, tras superar a Alemania (0-1) en la final disputada en Sarajevo
Irune Dorado, capitana del equipo y jugadora del filial del Real Madrid, firmó el único gol del encuentro en el minuto 60, aprovechando un córner botado por Rosalía Domínguez para anticiparse a toda la defensa alemana y batir a la guardameta Janne Krumme. El tanto puso fin a una resistencia germana que había aguantado pese al claro dominio español durante todo el partido.
Ocho títulos y una racha que ya es histórica
El triunfo eleva a España a los ocho entorchados en esta categoría, la cifra más alta de la competición, y confirma una hegemonía que arrancó en 2022 y que ya suma cinco coronas seguidas, algo que ninguna otra selección había logrado antes en el Europeo sub-19 femenino. Las estadísticas de la final reflejan la superioridad española: 24 disparos, 10 de ellos a portería, y 10 saques de esquina, frente a una Alemania que apenas inquietó a la portera Laia López, salvo por una gran parada suya a un cabezazo a bocajarro en los primeros compases.
Rosalía Domínguez, la gran estrella del torneo con 17 años
Más allá del gol del título, la gran protagonista del campeonato fue Rosalía Domínguez, centrocampista del FC Barcelona que cerró el torneo con tres goles y cuatro asistencias, incluida la del tanto decisivo en la final, y que fue distinguida como mejor jugadora de la competición. Con solo 17 años y ya debutando con el primer equipo blaugrana, su fútbol combina visión de juego, capacidad de superar rivales en conducción y llegada al área, cualidades que ya la señalan como una de las próximas referencias del fútbol español.
Una final resuelta a balón parado tras insistir durante 60 minutos
El combinado dirigido por David Aznar llegó a la final tras un camino casi impecable, con una goleada por 3-0 ante Suecia en semifinales en la que Alba Cerrato, la propia Rosalía y Ainoa Gómez firmaron los goles. En la final, España impuso desde el inicio su idea de juego —posesión, presión alta tras pérdida y búsqueda constante del área rival— y aunque no logró materializar sus numerosas ocasiones hasta el ecuador de la segunda parte, la superioridad sobre el césped nunca estuvo en duda.