El CD Valladares ya tiene la Copa Vigo femenina que llevaba años persiguiendo. El conjunto vigués se impuso 2-4 al Lóstrego B en la final de la XIII edición, disputada en el Federativo de Coia, y puso fin a una secuencia especialmente dolorosa: había perdido las finales de 2019, 2023, 2024 y 2025. La victoria completa además el recorrido de una edición que M90 ya había presentado como una de las grandes citas del fútbol autonómico vigués en la previa general de la Copa Vigo 2026.
Cuatro finales perdidas antes de romper el meigallo
La dimensión del triunfo se entiende mejor mirando hacia atrás. El Valladares había alcanzado cuatro finales sin conseguir levantar el trofeo, con tres derrotas consecutivas entre 2023 y 2025. La última, precisamente el año pasado, terminó con victoria del CD Teis por 3-2. Aquella derrota volvió a dejar al conjunto vigués a las puertas de un título que se resistía temporada tras temporada.
La historia cambió este sábado. El Valladares salió decidido y se adelantó muy pronto con el 0-1 de Elva Collazo Neira en el minuto 3. El Lóstrego B respondió en el 13 por medio de Adriana Remeseiro González, pero antes del descanso el conjunto de Valladares recuperó la ventaja gracias a Judith Vaqueiro Lorenzo, autora del 1-2 en el 43.
Tras el descanso llegó el tramo que decidió la final. Paula Ramos Gómez hizo el 1-3 en el minuto 60 y, apenas dos minutos después, Sofía Molinero Míguez amplió la diferencia hasta el 1-4. El Lóstrego B recortó distancias en el 89 con un gol de Candela Donato de Ochoa, pero el título ya estaba encarrilado. El 2-4 definitivo rompe una racha que ya se había convertido en uno de los relatos inevitables cada vez que el club regresaba a la pelea por el torneo.
Un camino de autoridad hasta Coia
El Valladares había llegado a la final dejando muestras de superioridad en las eliminatorias anteriores. En cuartos superó por 1-5 al Atlético Huracán de Zamáns en un partido que permaneció igualado hasta bien entrada la segunda parte, y en semifinales firmó un contundente 0-11 ante el Balaídos. El equipo, recién ascendido a Primera Futgal, afrontaba así la final con un recorrido goleador y con la oportunidad de terminar de una vez por todas con la serie de derrotas en el último escalón.
El Lóstrego B también había llegado con fuerza. Entró directamente en semifinales y allí venció por 0-8 al Cabral, que venía de eliminar al vigente campeón, el Teis, en los penaltis. La final, por tanto, enfrentaba a dos equipos de Primera Futgal que habían avanzado con marcadores amplios y que partían como los conjuntos de mayor categoría del cuadro femenino.
El título que cambia la historia reciente del Valladares
Más allá del marcador, el éxito tiene un peso simbólico evidente para el Valladares. Perder una final puede ser un accidente; enlazar cuatro convierte el siguiente intento en un examen emocional. El equipo había vuelto una y otra vez al partido por el título y había salido siempre del lado equivocado. Esta vez no hubo una quinta decepción.
La Copa Vigo femenina nació en 2013 y alcanzó este año su decimotercera edición. El torneo, organizado por la Real Federación Galega de Fútbol y respaldado por el Concello de Vigo, reúne a clubes del fútbol autonómico de la ciudad y mantiene las eliminatorias a partido único. En esta edición participaron seis equipos en el cuadro femenino y la final volvió a celebrarse en el Federativo de Coia.
El título lleva además asociado un premio económico de 1.000 euros para el campeón, mientras el Lóstrego B recibe 500 como subcampeón. Pero para el Valladares el valor principal está en otro sitio: después de cuatro intentos fallidos, el trofeo deja por fin de ser una cuenta pendiente.
Del 2023 al 2025, tres golpes seguidos; en 2026, campeón
La secuencia resume por sí sola el cambio de guion. Tres finales consecutivas perdidas entre 2023 y 2025 habían convertido la Copa Vigo en una competición especialmente esquiva para el Valladares. El 2-4 ante el Lóstrego B cierra esa etapa y abre otra distinta, con el club ya dentro del palmarés reciente del torneo y con una generación que ha conseguido transformar la insistencia en recompensa.
El Valladares no necesitaba otra final para demostrar regularidad en la competición. Necesitaba ganarla. Y esta vez lo hizo.