La derrota del Pontevedra ante el Mérida (1-2) dejó algo más que tres puntos perdidos en Pasarón. Rubén Domínguez reconoció que su equipo no encontró continuidad, admitió la frustración por el rendimiento y defendió que la salida al mal momento pasa por insistir en el trabajo, no por señalar a sus jugadores.
Un Pontevedra incómodo con balón
El entrenador granate apenas rescató diez minutos de la primera mitad. Su equipo logró generar alguna acción de peligro con un juego más directo, pero no encontró los espacios ni la claridad suficientes para imponerse a un Mérida que supo dificultar la circulación local.
«Hay que trabajar, hay que creer y hay que insistir», afirmó en la comparecencia posterior, según recogió La Voz de Galicia. El técnico insistió en que las sensaciones de los entrenamientos son mejores que las que el equipo fue capaz de trasladar al partido.
La confianza, a prueba tras cinco semanas sin ganar
Domínguez reconoció el golpe emocional de encadenar cinco semanas sin victorias. No quiso presentar la derrota como un episodio aislado, pero tampoco retiró la confianza a la plantilla. El siguiente compromiso, de nuevo en Pasarón frente al Cacereño, será una ocasión inmediata para cambiar la dinámica.
Entre los aspectos positivos destacó el estreno de Papa Gaye, que marcó en su debut. El entrenador valoró su capacidad para actuar en varias posiciones ofensivas y confía en que siga creciendo durante la temporada.
Desde el otro banquillo, Fran Beltrán explicó que el Mérida había conseguido incomodar al Pontevedra cerrándole las líneas de progresión. Esa lectura ayuda a entender una tarde en la que el equipo granate sufrió para encontrar soluciones antes de que el resultado lo obligase a acelerar.
Tras la reciente visita a A Malata, el Pontevedra sigue necesitando una victoria que transforme su esfuerzo en puntos y alivie la presión sobre el equipo.