El 0-1 del Pontevedra en Avilés vale tres puntos, pero también deja una pista importante sobre cómo quiere sobrevivir el equipo granate a su regreso a Primera Federación. Con una defensa profundamente renovada y apenas nueve futbolistas de la pasada temporada en la plantilla, el conjunto de Rubén Domínguez fue capaz de empezar la Liga con la portería a cero.
No es un detalle menor. La pretemporada había dejado goles encajados ante Fabril, Arosa, Ourense CF y Coruxo, y la nueva línea defensiva todavía estaba buscando automatismos. En el primer partido de verdad, sin embargo, el Pontevedra recuperó una vieja receta: reducir el margen de error, competir cada duelo y hacer que el rival necesite mucho para generar una ocasión limpia.
Una zaga casi nueva para un nivel más exigente
Ante el Real Avilés, Rubén Domínguez alineó una defensa formada por Ander Vidorreta, Álvaro Pérez, David Alba y Rui Pedro. Solo Vidorreta y Álvaro estaban ya en el club durante la pasada campaña, y el segundo había llegado en el mercado de invierno. El cambio de piezas es evidente; la idea, mucho menos.
El Pontevedra sabe que Primera Federación castiga con dureza las pérdidas en salida, los desajustes entre central y lateral y cualquier defensa del área a medias. La calidad de los rivales aumenta y los partidos conceden menos tiempo para corregir. De ahí que la portería a cero en Avilés tenga un valor que va más allá de la estadística.
La victoria llegó con un penalti transformado por Yelko, pero se sostuvo en la capacidad colectiva para que esa ventaja fuese suficiente. Marqueta respondió cuando el Avilés encontró situaciones de remate y el bloque supo convivir con fases en las que tocaba defender más cerca de su propia área.
La pretemporada ya había avisado
El verano no había sido tan limpio atrás. El Pontevedra dejó su portería a cero ante Arenteiro y Estradense, pero recibió goles frente a Fabril, Arosa, Ourense CF y Coruxo. Eran amistosos, con cargas y pruebas propias de agosto, aunque servían para advertir que el ensamblaje defensivo requería tiempo.
La respuesta en el primer partido oficial fue inmediata. Eso no significa que el problema esté resuelto ni que un 0-1 convierta automáticamente al Pontevedra en un equipo blindado. Significa algo más útil: cuando el resultado empezó a importar de verdad, la estructura resistió.
La identidad defensiva también asciende
El Pontevedra encajó 31 goles la pasada campaña, una cifra que lo situó entre los equipos más sólidos de su categoría. Cambiar de división obliga a revisar casi todo, pero renunciar a una fortaleza construida durante meses sería empezar de cero.
Rubén Domínguez ya había marcado el listón de los 45 puntos como primera frontera para asegurar el objetivo. Para llegar ahí, el equipo necesitará goles, evolución ofensiva y recursos con balón, pero también muchos partidos como el de Avilés: encuentros en los que una ventaja corta no se deshaga.
La siguiente jornada llegará con una ausencia importante, porque Yelko se perderá la visita del Arenas tras su expulsión. Será otro tipo de examen. La primera lección, en cualquier caso, ya está encima de la mesa: el Pontevedra ha cambiado nombres atrás, pero su mejor posibilidad de crecer sigue empezando por no conceder.
