El número que puede decidir el futuro del Silva: 18
Hay clubes que se juegan la categoría en el césped y otros que, pese a haberla certificado allí, siguen sin saber dónde competirán por un simple problema de aritmética. Es el caso del Silva SD, que evitó el descenso a Preferente sobre el terreno de juego y ahora depende de un encaje numérico que nada tiene que ver con lo deportivo.
Una cadena de arrastres que empezó en mayo
Las bases de competición de Tercera Federación fijan 18 grupos de 18 equipos cada uno, ni uno más ni uno menos. Cuando la Sarriana bajó desde Segunda RFEF, el sistema de arrastres colocó al Silva en la cuerda floja, pendiente de que otro club gallego, el Compostela, certificara su ascenso. El Compos cumplió y, sobre el papel, todo quedó resuelto: una resolución oficial del 22 de junio confirmó al Silva como uno de los 18 integrantes del grupo la próxima temporada.
El Arenteiro reabre la ecuación
Apenas unos días después, el descenso administrativo del Arenteiro por deudas volvió a mover las piezas del tablero. Si el club ourensano no logra sanear sus cuentas y formalizar su inscripción, alguien tendrá que ceder su plaza para que la ecuación de los 18 equipos vuelva a cuadrar, y el nombre del Silva figura entre los posibles candidatos a pagar los platos rotos de una crisis institucional que no ha protagonizado.
Una cuenta atrás con fecha límite: el 15 de julio
El calendario no da tregua. El Arenteiro dispone hasta el 15 de julio para saldar su deuda e inscribirse en la categoría, mientras que la Federación ya trabaja en paralelo en otras vías, como la venta de la plaza ourensana. Eso deja al Silva planificando una pretemporada, y una plantilla, sin la certeza absoluta de en qué categoría competirá cuando arranque la Liga.
Un problema de casillas, no de méritos
Lo llamativo del caso es que no hay ningún reproche deportivo ni económico que hacerle al Silva: cumplió en el campo y no tiene deudas pendientes. Su futuro depende, en cambio, de una normativa de encaje pensada para ordenar el mapa competitivo, no para premiar o castigar el rendimiento de cada club. Una paradoja que resume bien el verano más incierto del fútbol gallego de Tercera RFEF.