Once puntos en nueve jornadas. Solo dos derrotas. Y todo ello después de ocho años esperando volver a Primera División. Puede que el empate ante el Levante nos haya dejado esa rabia que produce rozar una victoria y verla escapar al final. Puede que el Deportivo todavía esté lejos de la versión que imaginábamos en verano. Pero si nos paramos a mirar el cuadro completo, hay motivos de sobra para confiar. Este equipo ha llegado a la máxima categoría para quedarse y, aun sin haber podido contar con todas sus piezas, está compitiendo.
No se trata de celebrar un 1-1 en Riazor ni de fingir que todo va de maravilla. Se trata de reconocer lo que está construyendo un recién ascendido que, después de nueve partidos, ha perdido únicamente dos. Para muchos equipos que regresan a Primera, sumar mientras aprenden a competir en una categoría más exigente es una necesidad. El Dépor está haciendo precisamente eso, y además tiene margen para ofrecer bastante más.
Once puntos con tres piezas muy importantes en la enfermería
Hay un dato imposible de ignorar al valorar el comienzo de temporada: Antonio Hidalgo no ha podido disponer de la plantilla que imaginó para competir. Contra el Levante faltaron por lesión Pierre-Emerick Aubameyang, Marc Casadó y Zakaria Eddahchouri. A ellos se sumó la ausencia por sanción de Lorenzo Amatucci, otra pieza del centro del campo. No hablamos de cuatro nombres secundarios: son alternativas importantes para construir el equipo, darle equilibrio y encontrar gol.
Aubameyang aporta una experiencia y una amenaza ofensiva que no se reemplazan de un día para otro. La baja de Casadó resta una pieza de mucho nivel para ordenar y proteger el centro del campo. Y la de Zakaria reduce todavía más los recursos del ataque. Si faltan jugadores llamados a ser importantes, la adaptación colectiva se complica, las rotaciones se estrechan y algunos compañeros deben asumir responsabilidades para las que quizá todavía estaban ganando rodaje.
En ese contexto, once puntos no parecen una cosecha despreciable; parecen una base sobre la que crecer. Además, futbolistas como Adama o Mella van recuperando sensaciones, y otros refuerzos todavía tienen recorrido para adaptarse al equipo y a la categoría. Lo ilusionante no es que el Dépor haya mostrado ya todo su potencial, sino precisamente que aún no lo ha hecho.
Yeremay vuelve a marcar el camino y aparecen nuevas respuestas
La mejor noticia del partido ante el Levante no fue únicamente el gol de Nsongo Bil. Fue volver a comprobar que Yeremay está preparado para asumir galones también en Primera. Su desequilibrio generó la acción del 1-0 y recordó hasta dónde puede llegar el Deportivo cuando su futbolista más diferencial recibe con libertad, encara y obliga al rival a defender hacia atrás.
También hubo una recompensa importante para Nsongo. Con el ataque condicionado por las bajas, el delantero respondió con su primer tanto en la categoría y dio un motivo más para creer en quienes están aprovechando la oportunidad. Villares volvió a sostener al equipo desde el trabajo, la lectura del juego y el compromiso, mientras Quagliata ofreció profundidad por su costado. No son pinceladas suficientes para ganar siempre, pero sí señales de que hay futbolistas respondiendo incluso en los momentos menos cómodos.
El análisis individual del encuentro permite ver esos rendimientos sin quedarse únicamente con la jugada que acabó decidiendo el empate.
Un error no puede borrar el resto del camino
Leo Román falló en el gol del Levante. Asp-Jensen envió al larguero una ocasión que pudo significar el 2-1. Ocurrió y no hay motivo para esconderlo. Pero sería tremendamente injusto reducir todo el trabajo de una plantilla a esos dos momentos. El fútbol de Primera castiga los fallos; también exige fortaleza para seguir después de cometerlos.
Este es un grupo en construcción, con futbolistas jóvenes, otros recién llegados y varios que necesitan continuidad para recuperar su mejor nivel. Se les debe exigir, por supuesto. Lo que no parece razonable es retirarles la confianza cada vez que una acción sale mal. La paciencia no es resignación: es entender que un proyecto necesita tiempo para desarrollar lo que promete.
El Metropolitano, otro partido para crecer
El calendario lleva ahora al Deportivo al Metropolitano, donde espera el Atlético de Madrid. Es una visita de máxima exigencia, de esas que recuerdan de golpe lo que supone haber vuelto a Primera. También es una oportunidad: para competir sin complejos, para seguir ganando experiencia y, quién sabe, para sacar algo positivo donde pocos lo dan por hecho.
Después llegará un tramo ante Osasuna en Riazor, Espanyol y Alavés a domicilio. Son enfrentamientos importantes para consolidar la posición del equipo, pero no hace falta convertirlos en un ultimátum. Más bien al contrario: con una plantilla que puede recuperar efectivos y ganar automatismos, deberían servir para medir el crecimiento que todavía esperamos.
Venimos de demasiado lejos para olvidar lo conseguido
Hay algo que conviene recordar cuando el empate de turno se vive como si fuera el final de todo. El Deportivo acaba de recuperar un lugar que llevaba ocho años persiguiendo. No ha vuelto a Primera con una plantilla acostumbrada a disputar esta Liga temporada tras temporada. Ha vuelto después de atravesar una etapa durísima y ahora está aprendiendo a competir contra adversarios de otra dimensión.
En 2014/15 y 2016/17 el club terminó logrando la permanencia. Aquellas campañas fueron complicadas, como lo será esta en muchos momentos, pero la historia recuerda que el objetivo no requiere una temporada perfecta. Lo que importa es sumar, mantenerse dentro de la pelea y crecer a medida que pasan las jornadas.
Con solo nueve partidos disputados, el balance del Dépor deja una idea que merece más atención que cualquier mensaje catastrofista: hemos conseguido once puntos sin tener todavía a disposición todos nuestros recursos y sin alcanzar nuestro mejor fútbol. Eso no es una garantía de futuro, pero sí una razón poderosa para el optimismo.
Queda muchísimo campeonato. Volverán jugadores importantes, otros terminarán de adaptarse y los jóvenes seguirán aprendiendo. Habrá días difíciles, claro, pero también habrá tardes en las que lo que hoy se intuye termine apareciendo sobre el césped.
Seamos exigentes, sí. Pero también justos. Este Dépor tiene motivos para creer en sí mismo y nosotros tenemos motivos para creer en él. Lo mejor todavía puede estar por llegar.
