El equipo verde encadena ocho jornadas sin ganar y se hunde en la clasificación tras caer ante el Arenas
El CD Arenteiro volvió a tropezar en casa y ya no es solo una mala racha: es una caída libre. La derrota por 1-2 frente al Arenas de Getxo en la jornada 31 de la Primera Federación deja al conjunto ourensano al borde del precipicio, con la permanencia convertida en una quimera que se aleja jornada a jornada.
Un guion repetido que condena al Arenteiro
El partido en Espiñedo tuvo aroma a déjà vu. El conjunto visitante salió con más colmillo, dominando los primeros compases y obligando a intervenir a Diego García desde el inicio. El Arenteiro, superado en ritmo y confianza, volvió a evidenciar sus problemas estructurales: dificultad para sostener el balón, fragilidad en los duelos y poca contundencia en ambas áreas.
El encuentro se vio condicionado por el duro golpe sufrido por Pablo Moya, que obligó a reorganizar la zaga local. Un contratiempo más en una temporada marcada por los imprevistos.
Lasure encendió la ilusión… que duró poco
Tras el descanso, los de Juanfran García dieron un paso adelante. Más agresivos, más verticales. Y el premio llegó: Lasure adelantó a los gallegos tras un saque de esquina, haciendo creer por unos minutos que todavía había vida en Espiñedo.
Incluso rozaron el segundo tanto en una acción que se estrelló contra la madera. Ahí estuvo el partido. Ahí pudo cambiar todo. Pero este Arenteiro no está para sostener ventajas.
Fragilidad defensiva: la sentencia del descenso
El empate del Arenas llegó como tantas veces esta temporada: balón parado y desconexión defensiva. Txus Vizcay aprovechó el desajuste y devolvió la igualdad al marcador.
A partir de ahí, el equipo gallego se fue apagando. Sin gasolina y con la cabeza llena de dudas. El segundo golpe fue definitivo: Troncho culminó una jugada embarullada para firmar el 1-2 y dejar en silencio a Espiñedo.
El dato es demoledor: 17 derrotas en 31 jornadas. Números de descenso directo.
Nervios, expulsión y un futuro cada vez más negro
El tramo final fue un reflejo del momento del equipo: más corazón que cabeza, pero sin claridad. El VAR alargó el partido, pero no cambió el destino. Y para rematar, Víctor Mingo vio la roja en el descuento, perdiéndose los próximos compromisos.
Un problema añadido para un equipo que ya camina sobre el alambre.
La permanencia, una misión casi imposible
El Arenteiro es colista y acumula ocho jornadas sin conocer la victoria. La salvación empieza a depender más de milagros que de fútbol. El calendario no da tregua y los rivales directos siguen sumando.
Más allá de las matemáticas, la sensación en el entorno es clara: el equipo ha perdido la inercia competitiva justo cuando más la necesitaba.
El objetivo ahora cambia de discurso: competir con dignidad, cerrar la temporada con orgullo y empezar a reconstruir desde ya.
Porque en el fútbol, como en la vida… cuando el balón no quiere entrar y cada error acaba en gol, el descenso deja de ser una amenaza y se convierte en una realidad que llama a la puerta.