El Deportivo regresa a Primera División decidido a romper con su pasado más doloroso: el del club obligado a desprenderse de sus mejores futbolistas para sobrevivir. Esta vez, la entidad coruñesa ha levantado un muro alrededor de trece jugadores —todos jóvenes salvo el portero Parreño— que considera innegociables
Durante años, cada verano en Riazor fue sinónimo de despedida. El Deportivo de las crisis económicas vendía a sus joyas porque no le quedaba otra, y la afición aprendió a resignarse a ver marchar talento por necesidad. Ese Dépor ya no existe. El que vuelve a Primera ocho años después lo hace con una declaración de intenciones clara: hay trece futbolistas que no se venden, pase lo que pase.
El fin de la era de las ventas forzadas
La nueva mentalidad no se improvisó este verano. Nació en Segunda División, cuando el club decidió plantarse y retener a Yeremay Hernández pese a las llamadas de equipos de mayor presupuesto. Aquella decisión marcó un punto de inflexión: el Deportivo dejaba de ser un club traspaso para convertirse en uno capaz de construir. Ahora, en la élite, esa filosofía se consolida con un grupo de intocables que conforman la columna vertebral del proyecto.
Son nombres con presente y, sobre todo, con futuro: Ferllo y Parreño bajo palos; Altimira, Noubi, Loureiro y Quagliata en defensa; Riki, Villares, Mario Soriano, Luismi, Mella y Yeremay en la medular y el ataque; y Bil Nsongo como referencia ofensiva. A ese bloque aspira a sumarse Ximo Navarro, en negociaciones para renovar.
Una apuesta generacional
El rasgo que mejor define este Deportivo es la edad. Salvo el veterano portero ilicitano, ninguno de los trincados supera los 30 años. Es un equipo pensado no para aguantar una temporada, sino para crecer durante varias. La revalorización de esos activos —muchos de ellos formados o consolidados en el propio club— es la mejor garantía económica de una entidad que ya no quiere vivir al día.
A ello contribuye el compromiso del consejo de administración con la cantera, que mantiene la exigencia de reservar una cuota para jugadores de la casa. Una señal más de que el modelo herculino mira al largo plazo.
Construir sobre cimientos firmes
Con la base asegurada, el Deportivo puede salir al mercado sin urgencias. Necesita un portero más, refuerzos en ambos laterales, un central, un pivote, un extremo diestro y al menos un delantero, pero lo hará desde la tranquilidad de saber que su esqueleto está intacto. Los casos de Comas, Barcia o Eddahchouri se resolverán según avance el periodo de fichajes.
La diferencia con otros veranos es abismal. Con Nsongo atado hasta 2030 y los pilares renovados, y con la firma de Ximo Navarro como fleco pendiente, el Dépor afronta la élite sin el miedo a las despedidas que marcó su pasado reciente. El conjunto coruñés ya no vende por obligación: ahora elige.