El Celta ha encontrado una base sobre la que construir su temporada: defender mejor. Después de siete jornadas de Liga, el conjunto de Claudio Giráldez ha encajado únicamente seis goles, un registro que lo sitúa entre los equipos menos goleados de Primera y que obliga a mirar más de dos décadas atrás para encontrar algo parecido en Vigo.
Según los datos recogidos por Cadena SER, solo el Celta de la temporada 2002/03, dirigido por Miguel Ángel Lotina, presentaba a estas alturas un balance defensivo mejor, con cuatro tantos recibidos. El dato adquiere más peso si se compara con el curso pasado: el equipo ha recibido tres goles menos en el mismo tramo.
Radu, 21 paradas y un cambio de tono
Una parte importante de esa mejoría tiene nombre propio. Ionut Radu acumula 21 paradas y ha dado al equipo una seguridad que se nota especialmente en los partidos más cerrados. El Celta ya no necesita vivir permanentemente en intercambios de golpes para competir.
De los seis goles encajados, dos llegaron en acciones a balón parado y uno de penalti. Es decir, el equipo ha reducido mucho el daño recibido en juego abierto, una de las asignaturas que más castigó al bloque celeste durante la pasada campaña.
La paradoja: más sólido, pero todavía irregular
La estadística defensiva convive con un inicio liguero en el que los resultados aún no han terminado de despegar. Giráldez ha insistido en mantener una idea reconocible, pero la mejora atrás ofrece algo que el Celta necesitaba para sobrevivir a los partidos de margen estrecho.
El próximo examen será en Elche, en un tramo de calendario que vuelve a exigir equilibrio. Con Starfelt lesionado y otros futbolistas tocados durante el parón, mantener este nivel defensivo será todavía más importante.
El Celta puede discutir muchas cosas de su arranque, pero hay una que ya no admite demasiado debate: ahora concede menos y resiste mejor. Y eso, en una Liga de marcadores cada vez más ajustados, vale puntos.