Un balón puede parecer exactamente igual a otro y, sin embargo, esconder una diferencia decisiva para el arbitraje. Esta temporada, Deportivo y Celta juegan sus partidos de Primera División con balones conectados, una tecnología que identifica contactos y movimientos de la pelota para complementar el trabajo del VAR. La novedad tiene además una consecuencia poco visible: modifica la preparación de los estadios y las tareas de los recogepelotas.
El tercer representante gallego en el fútbol profesional masculino, el Celta Fortuna, todavía no está incluido en el despliegue. Aunque milita en LaLiga Hypermotion, LaLiga ha anunciado que la extensión a Segunda División se prevé para 2027/28. Por ahora, el protocolo de los balones conectados se aplica a todos los encuentros de LaLiga EA Sports, donde compiten los primeros equipos de A Coruña y Vigo.
Qué cambia en Riazor y Balaídos
LaLiga establece catorce balones conectados por partido: uno en juego, otro bajo control del cuarto árbitro y doce distribuidos en lugares fijos del perímetro del terreno de juego. No son los balones del calentamiento ni se utilizan para entrenar. Antes de cada encuentro deben pasar por un procedimiento de identificación, carga, comprobación y validación de las señales.
De esta forma, el recogepelotas deja de ser únicamente quien recupera y entrega un esférico cuando sale fuera. Su labor también consiste en mantener abastecidos los soportes situados junto al césped. Cada reanudación exige que el dispositivo correspondiente esté localizado y listo para entrar en juego.
El cambio puede observarse en Riazor, donde un reportaje de Lucía Dávila publicado en DXT Campeón detalla el funcionamiento de la red de doce antenas del estadio y sitúa en unos 500 euros el coste aproximado de cada balón. El protocolo general es el mismo para el Celta en sus encuentros de Primera; la disposición física de la infraestructura depende de cada recinto.
El balón ya no solo rueda: también envía información al VAR
El sistema, desarrollado con PUMA y KINEXON, permite localizar el balón e identificar con gran precisión el instante de determinados contactos. La información se sincroniza con otras herramientas arbitrales, especialmente las cámaras del fuera de juego semiautomático.
Una situación habitual explica su utilidad: en una jugada de fuera de juego ajustadísimo, unos instantes de diferencia al fijar el momento del pase pueden alterar la interpretación de las imágenes. También puede aportar datos para aclarar si existió un toque previo. Eso no significa que el balón determine por sí solo si una mano es sancionable o si un contacto merece penalti. Los árbitros siguen siendo quienes interpretan las imágenes y aplican el reglamento.
Para el espectador de Riazor o Balaídos, buena parte de esta tecnología permanece oculta. Para el equipo arbitral, supone una referencia más con la que contrastar acciones que antes exigían revisar una sucesión de fotogramas. Y para el análisis del juego abre la puerta a datos nuevos que podrían incorporarse a las retransmisiones.
¿Y el Celta Fortuna en LaLiga Hypermotion?
La diferencia entre los tres equipos gallegos no reside en una elección de los clubes, sino en el calendario establecido por la competición. La comunicación oficial de LaLiga, publicada el 12 de agosto, señala que el sistema se estrena de forma generalizada en Primera y que se espera introducirlo en LaLiga Hypermotion a partir de la próxima temporada.
Por eso no sería correcto trasladar hoy al Fortuna las mismas obligaciones de gestión de balón conectado que tienen Deportivo y Celta. El filial vigués disputa el fútbol profesional, pero en una categoría que todavía está pendiente de incorporar esta tecnología a todos sus encuentros.
LaLiga busca dar más fiabilidad a las decisiones difíciles sin modificar la esencia del partido. El reto será que los datos ayuden a aclarar las jugadas y no añadan más confusión a un debate arbitral que ya suele tener suficientes protagonistas. M90 explicó anteriormente cómo funciona el balón conectado junto al VAR; su llegada a los estadios gallegos permite ver ahora la parte práctica de aquella innovación.
