
El presidente del Dépor apela al ADN del club en pleno 120 aniversario y refuerza el discurso de regreso a la élite
El Deportivo de La Coruña vive días de mirada larga. En un acto cargado de simbolismo en Riazor, Juan Carlos Escotet dejó un mensaje que suena a hoja de ruta: el club trabaja con la vista puesta en recuperar su sitio en el fútbol español, apoyándose en su historia y en una masa social que no falla.
Un vestuario invisible que nunca falla: la afición
El escenario no fue casual. La entrega de insignias a socios con medio siglo de fidelidad sirvió como termómetro emocional de lo que significa el Dépor. No se trató solo de un reconocimiento, sino de una declaración de identidad.
Escotet, con discurso de presidente pero tono de capitán, quiso poner en valor a esa grada que ha sostenido al equipo en los momentos más duros. En el fútbol moderno, donde todo va a ritmo de resultados, el Deportivo presume de algo que no se ficha en el mercado: sentimiento.
Y ahí está la clave. Mientras otros clubes buscan estabilidad en despachos, en A Coruña se sigue construyendo desde la base emocional. Porque en Riazor, cuando la pelota quema, la grada también juega.
El mensaje de Escotet: ascenso como objetivo estructural
El presidente no se escondió. Su discurso dejó entrever que el regreso a cotas más altas no es un deseo, sino una obligación institucional.
El Deportivo, lejos de conformarse con sobrevivir en categorías intermedias, trabaja con una idea fija: volver a competir donde su historia le empuja. No es solo una cuestión de nostalgia, sino de estructura, inversión y planificación deportiva.
En ese sentido, el club ha ido estabilizando sus cimientos en los últimos años. La gestión económica, la apuesta por la cantera y la reconstrucción del proyecto deportivo forman parte de un mismo engranaje.
El mensaje es claro: el Dépor no quiere ser protagonista de recuerdos, sino de presente.
La cantera aprieta: el futuro ya asoma en Abegondo
Durante el acto también tomó la palabra Carlos Ballesta, quien puso el foco en el relevo generacional. Y ahí aparece otro de los pilares del proyecto: la cantera.
El Fabril, como espejo del primer equipo, simboliza ese futuro que ya está llamando a la puerta. En un fútbol cada vez más globalizado, el Deportivo vuelve a mirar hacia dentro para crecer hacia fuera.
La idea es sencilla, pero potente: formar talento propio que entienda lo que significa vestir la camiseta blanquiazul. Porque no todos los fichajes entienden el peso de Riazor, pero los canteranos lo llevan de serie.
Contexto deportivo: un gigante que busca su sitio
El momento actual del Deportivo exige equilibrio. El equipo compite con la presión de su historia y la exigencia de una afición que ha vivido noches europeas y títulos.
Esa mochila pesa, pero también empuja. En la clasificación, cada punto se mide con lupa, y cada jornada es una pequeña final. El objetivo no es solo subir, sino hacerlo con un proyecto sólido que evite volver a caer.
Además, el calendario no da tregua. Los próximos partidos marcarán el pulso real del equipo y su capacidad para sostener la ambición que se transmite desde el palco.
Riazor, pasado y futuro en el mismo latido
El 120 aniversario no es solo una cifra redonda. Es un recordatorio constante de lo que fue el club… y de lo que quiere volver a ser.
Escotet lo dejó claro: honrar el pasado no es quedarse en él, sino utilizarlo como combustible. En clave futbolera, el Dépor está en ese momento de partido en el que toca apretar líneas, creer en el plan y no perder la cabeza.
Porque en A Coruña lo tienen claro: el camino puede ser largo, pero el destino está marcado.