
El Coruxo FC afronta un tramo decisivo de campeonato con la ambición disparada tras su triunfo en Carballo. Este domingo, en O Vao (18:15), los vigueses reciben al Marino de Luanco en un duelo con olor a urgencias: unos quieren seguir soñando, otros evitar el abismo.
Un vestuario que vuelve a creer
El triunfo ante el Bergantiños no solo sumó tres puntos: reactivó sensaciones. El equipo de Javi Fernández ha recuperado ese tono competitivo que le permitió engancharse a la pelea por la zona noble.
Con cinco jornadas por delante, el Coruxo ha hecho cuentas: el objetivo inicial está cumplido y ahora toca mirar más arriba. Traducido al lenguaje de vestuario: permiso para soñar, pero con el mono de trabajo puesto.
El propio técnico lo deja claro entre líneas: el equipo ha madurado, compite mejor en los detalles invisibles —duelos, presión tras pérdida, control de ritmos— y ha aprendido a ganar partidos sin necesidad de lucir.
O Vao, el fortín donde se decide todo
De los cinco encuentros restantes, tres serán en casa. Y ahí está la clave.
El Coruxo quiere convertir O Vao en un escenario incómodo, de esos donde el rival siente que cada balón dividido es una batalla. Porque si algo tiene claro el vestuario es que el playoff pasa por no fallar ante su gente.
El rival, eso sí, no invita a relajaciones. El Marino llega en modo supervivencia, de esos equipos que aprietan los dientes y convierten cada partido en una final. Traducido: partido de barro, mono de faena y cero concesiones.
Rares vuelve: músculo y criterio para el centro del campo
Una de las mejores noticias para los vigueses es la recuperación de Rares Ilie (Rares), que empieza a dejar atrás una lesión larga.
El centrocampista regresa con hambre competitiva y con un mensaje claro: aquí nadie se guarda nada. El tramo final será una guerra futbolística en la que cada punto vale oro.
Su vuelta no es menor. Cuando el equipo encontró estabilidad en el medio, coincidió con su mejor versión. Más control, más criterio y más capacidad para imponer ritmo. Ahora, con minutos en las piernas, quiere volver a ser ese faro.
Un Coruxo coral: fondo de armario y fe colectiva
Si algo destaca en este tramo es el carácter colectivo del equipo. Las bajas no han descompuesto al grupo y los menos habituales han respondido cuando les tocó saltar al verde.
El cuerpo técnico ha conseguido algo que no siempre es sencillo: implicar a toda la plantilla. Y eso, en abril, marca diferencias.
Jugadores que regresan como Rares o Dani aportan ese plus competitivo que puede inclinar partidos cerrados. Porque en este punto de la temporada, no gana el que mejor juega… gana el que mejor compite.
Playoff en el horizonte: prohibido fallar
El mensaje es directo: el Coruxo está en disposición de pelear por el top cinco, pero el margen de error es mínimo.
Cada jornada es una final encubierta. Cada punto, una pieza más en el puzzle del playoff. Y cada partido en O Vao, una oportunidad que no se puede dejar escapar.
El domingo no será un partido bonito. Será uno de esos que se ganan con oficio, carácter y cabeza fría. De los que definen temporadas.
Y ahí, el Coruxo quiere demostrar que este año va muy en serio.