El Real Madrid sacó adelante un partido áspero en Mestalla para sumar tres puntos de enorme valor en la pelea por el campeonato. El 0-2 ante el Valencia CF no fue una exhibición, pero sí una demostración de madurez competitiva: saber sufrir, golpear cuando toca y cerrar el partido sin conceder margen al rival. Con este triunfo, los blancos mantienen la presión sobre el Barça y confirman que están dispuestos a discutir cada metro de la carrera por LaLiga.
Un primer tiempo de control y paciencia
El arranque dejó claro el guion. El Valencia quiso intensidad y ritmo, pero el Madrid impuso calma con balón y una estructura sólida. Hubo llegadas y avisos —especialmente desde la frontal—, aunque sin premio antes del descanso. Mestalla apretó, pero los de Ancelotti no se descompusieron: orden táctico, líneas juntas y la sensación de que el partido se decidiría por detalles.
El golpe que cambió el partido
La reanudación trajo el punto de inflexión. En una acción dentro del área, Álvaro Carreras apareció para adelantar al Madrid y enfriar el ambiente. El gol obligó al Valencia a estirarse, a arriesgar más de la cuenta, y ahí el partido se inclinó definitivamente. Los locales tuvieron alguna opción clara, incluso un remate al poste, pero sin la continuidad necesaria para incomodar de verdad.
Mbappé sentencia y el Madrid cierra filas
Con el Valencia volcado, el Madrid esperó su momento. Ya en el tramo final, Kylian Mbappé cazó una ocasión en el corazón del área para firmar el 0-2 y bajar la persiana. Fue la estocada definitiva, la típica jugada que define partidos grandes: pegada, sangre fría y colmillo. A partir de ahí, gestión del tiempo y oficio para llevar el duelo a puerto seguro.
Tres puntos que pesan más de lo que parecen
Más allá del marcador, el triunfo refuerza al Madrid en un escenario históricamente exigente. Ganar en Mestalla siempre cotiza al alza, y hacerlo sin alardes habla de un equipo que sabe competir en cualquier contexto. La clasificación aprieta y el calendario no da tregua, pero los blancos siguen en la pomada, con el mensaje claro: el pulso por el título sigue abierto.