El Celta de Vigo salió vivo del infierno de Belgrado. Un empate trabajado (1-1) ante el Estrella Roja de Belgrado certifica el billete para los dieciseisavos de la Europa League con una ventaja estratégica: la vuelta será en casa. El premio, además, llega con suspense añadido, porque el rival saldrá del bombo entre dos viejos conocidos del torneo: PAOK o Lille.
El plan era sufrir… y se cumplió
El conjunto de Claudio Giráldez aterrizó en Serbia sabiendo que el objetivo no era la épica sino la supervivencia competitiva. El top-8 exigía una carambola imposible; asegurar la vuelta en Balaídos, en cambio, era una misión tangible. Y el Celta la ejecutó con oficio, aceptando fases de repliegue y gestionando los tiempos con cabeza fría.
Primera mitad: avisos del VAR y pólvora mojada
Arriba, la pareja formada por Iago Aspas y Borja Iglesias no encontró el camino del gol en un primer acto espeso. Los locales apretaron con colmillo, pero el VAR desactivó dos celebraciones serbias que encendían la grada. El Celta, serio atrás, sobrevivió a base de orden y paciencia.
La pizarra cambia el guion
Tras el descanso, Giráldez agitó el once y el equipo dio un paso adelante. Más ritmo, mejor circulación y sensación de control. El cambio clave fue la entrada de Fer López, una decisión que acabó decantando el relato del partido.
La joya de Fer y el golpe inmediato
El recién llegado se sacó de la chistera un gol para enmarcar: exterior, desde fuera del área, puro talento. Un tanto de esos que silencian estadios y elevan expectativas. La alegría, eso sí, duró lo justo: el Estrella Roja respondió al instante con un zarpazo que devolvió el empate y recordó que en Europa nadie regala nada.
Final abierto y objetivo cumplido
El intercambio de golpes se mantuvo hasta el pitido final. Hubo vértigo, piernas cargadas y cabezas frías. El marcador no se movió, pero la clasificación sí habló claro: el Celta entra entre los dieciséis mejores y se asegura decidir la eliminatoria arropado por su gente.
No fue una noche para el recuerdo estético, sí para el cuaderno de notas europeo. El Celta compite, suma y se gana el derecho a soñar. Ahora, que ruja Balaídos: PAOK o Lille esperan, y Europa ya sabe que en Vigo se juega con el corazón… y con cabeza.