Detrás del primer equipo de la SD Compostela hay otra estructura que ya mueve a más de 500 jugadores y jugadoras cada semana. El club compostelano y el CD Conxo Santiago han hecho balance de la Canteira Picheleira, su proyecto conjunto de formación, que en la temporada 2026/27 cuenta con alrededor de 55 técnicos. La dimensión del programa va mucho más allá de los resultados del juvenil: supone una red de fútbol base que acompaña a los jóvenes de la comarca desde sus primeras edades hasta las categorías nacionales. La actividad del Compostela en División de Honor Juvenil es solo la parte más visible de ese recorrido.
Cuatro juveniles, cinco cadetes y seis infantiles
Según la información publicada por la SD Compostela el 4 de noviembre, la estructura dispone de cuatro equipos juveniles, con representación tanto en División de Honor —la categoría más exigente— como en Liga Nacional. El club subraya que esta es su sexta campaña consecutiva con presencia en la máxima categoría juvenil.
En cadetes figuran cinco equipos: dos en División de Honor y uno en Preferente, entre otros. En infantiles son seis conjuntos, con uno en la máxima categoría autonómica y dos en Preferente. La distribución revela un proyecto que no se limita a una plantilla de élite de cada edad, sino que mantiene varios escalones donde los futbolistas pueden competir según su momento de desarrollo.
La base de la pirámide: del biberón al fútbol once
El itinerario empieza mucho antes. La Canteira Picheleira cuenta con seis equipos alevines, cinco benjamines, tres prebenjamines y uno biberón, según el balance del club. Esa continuidad es uno de los valores de una escuela: un niño puede iniciarse en el fútbol y, si mantiene la progresión deportiva, encontrar nuevas etapas de formación sin abandonar el mismo entorno organizativo.
Conviene diferenciar el volumen de licencias del éxito competitivo. Tener más de 500 participantes no implica automáticamente que todos lleguen a categoría nacional ni que el objetivo deba ser ese. La estructura sirve también para garantizar actividad, formación y pertenencia a un equipo a numerosos jóvenes de Santiago y su comarca. La cantidad de técnicos, próxima a 55, muestra además la magnitud de la coordinación que requiere semejante proyecto.
El desafío: convertir estructura en continuidad deportiva
La cantera debe convivir con exigencias distintas. Un equipo de División de Honor Juvenil busca resultados en una liga de alta competencia; los conjuntos de formación más temprana necesitan tiempo, aprendizaje y un entorno que no dependa únicamente del marcador del domingo. El trabajo de coordinación entre Compostela y Conxo consiste precisamente en dar coherencia a ambos objetivos.
La dimensión de esa estructura cobra más sentido cuando se observa el panorama del fútbol gallego: la Liga Nacional Juvenil reúne a canteras profesionales, proyectos de barrio y entidades de base, mientras la División de Honor exige competir con las grandes escuelas del norte. Mantenerse en ambos niveles representa un esfuerzo de recursos y planificación sostenida.
Esta semana, el primer equipo de la SD Compostela afronta el derbi de Segunda Federación ante el Arosa. Pero por detrás sigue trabajando una cantera de cientos de futbolistas, técnicos y familias. Ahí también se juega buena parte del futuro del club.
