El Deportivo empieza a recuperar a un Yeremay que durante el verano parecía obligado a elegir entre proteger el cuerpo y explotar su mejor fútbol. La pubalgia le dejó sin una preparación normal y limitó su participación en el arranque de LaLiga. Ahora, tras encadenar tres partidos de mayor continuidad, el canario vuelve a tener peso en el plan ofensivo de Antonio Hidalgo.
De la dosificación a tres partidos de protagonismo
La evolución se aprecia en el reparto de minutos: después de sumar 161 en las siete primeras jornadas, disputó 260 en las tres siguientes. No es una comparación de partidos completos —la primera cifra recoge siete fechas y la segunda solo tres—, pero retrata un cambio: el cuerpo técnico ha podido mantenerlo más tiempo en el césped y confiarle un papel de mayor responsabilidad.
En Anoeta ofreció la señal más visible. Jugó los noventa minutos, convirtió un penalti ante la Real Sociedad y completó ocho de nueve regates, un dato muy significativo para un futbolista cuyo juego depende de arrancar, frenar y cambiar de dirección. La recuperación de esos gestos es especialmente importante después de los problemas físicos que había arrastrado.
El desborde también aparece por dentro
Ante el Levante, en Riazor, fue protagonista de la jugada que terminó en el gol de Nsongo Bil: su intervención obligó a la defensa y el rechace quedó a disposición del delantero. No necesitó firmar una asistencia directa para condicionar la acción. Su capacidad para atraer rivales y crear una segunda oportunidad se está convirtiendo en una vía de ataque para el equipo.
El Metropolitano ofreció otra pista. Hidalgo no lo mantuvo fijo en la banda: lo acercó por momentos a Nsongo, con libertad para participar entre líneas y desplazarse después al costado izquierdo. El cambio añade una dificultad para las defensas rivales, que deben decidir si seguirlo hacia dentro o entregar su marca a otro compañero.
La competencia cambia de sitio
Durante las primeras semanas, la falta de ritmo permitió a otros atacantes discutirle la presencia en el once. Ahora la pregunta se desplaza hacia quién debe acompañarlo y dónde conviene situarlo. Mella, Luismi Cruz, Asp Jensen y Adama Traoré ofrecen perfiles diferentes, pero la progresión de Yeremay permite a Hidalgo construir varios dibujos con un mismo futbolista como referencia creativa.
El entrenador ya había explicado que la lesión estaba prácticamente superada, aunque aún necesitaba acumular carga competitiva. Ese matiz sigue siendo importante: tres buenas actuaciones no garantizan que el problema físico esté definitivamente olvidado ni que deba jugarlo todo. Sí muestran un jugador más preparado para sostener la exigencia.
La recuperación del ’10’ llega, además, en un momento en que el Dépor necesita generar ventajas en campo rival. La derrota por la mínima ante el Atlético dejó claro que competir bien no basta sin transformar las llegadas en ocasiones decisivas. Yeremay vuelve a ser una de las piezas con más capacidad para romper esa barrera.
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