El Hércules se levanta dos veces y rescata un punto de carácter en un Municipal siempre hostil
El Municipal de Tarazona volvió a confirmar su fama de terreno minado para los visitantes. Allí, donde cada punto cuesta sudor y algo más, el Hércules supo resistir, golpear cuando tocaba… y sufrir hasta el último suspiro para firmar un empate (2-2) que refuerza su moral y su discurso competitivo.
- El Hércules se levanta dos veces y rescata un punto de carácter en un Municipal siempre hostil
- Inicio con el freno de mano puesto y primer golpe local
- Un latigazo antes del descanso que lo cambia todo
- El Tarazona insiste y vuelve a mandar
- Orgullo blanquiazul y penalti en el descuento
- Un punto que vale oro
Inicio con el freno de mano puesto y primer golpe local
El partido arrancó con más cautela que vértigo. Tanto la SD Tarazona como el Hércules CF priorizaron no cometer errores, midiendo cada salto y cada pase en una primera fase marcada por el equilibrio táctico.
Ese respeto mutuo se evaporó pasada la media hora, cuando Ángel López apareció con determinación en el área para cazar un balón suelto y adelantar a los aragoneses. El Municipal estalló y el Tarazona creyó tener el partido donde quería: intenso, cerrado y favorable en el marcador.
Un latigazo antes del descanso que lo cambia todo
Pero el fútbol no entiende de merecimientos, sino de aciertos. Y el Hércules, justo cuando más apretaba el contexto, encontró un golpe de genio. Mehdi Puch se sacó de la bota un disparo lejano, seco y preciso que se coló por la escuadra en el tiempo añadido del primer acto. Un gol de esos que no solo empatan un partido, sino que cambian estados de ánimo.
El Tarazona insiste y vuelve a mandar
Tras el paso por vestuarios, el Tarazona salió con una marcha más. Empujó con convicción y obligó a Carlos Abad a vestirse de salvador en más de una ocasión. El Hércules sufría, defendía bajo y buscaba oxígeno a la contra, pero el empuje local tuvo premio en el tramo final.
Armero, insistente durante todo el encuentro, encontró el hueco en el minuto 82 para devolver la ventaja a los rojillos. Con el 2-1, el partido parecía sentenciado… pero quedaba un último capítulo.
Orgullo blanquiazul y penalti en el descuento
Cuando el reloj ya marcaba la agonía del choque, el Hércules tiró de fe y de oficio. Se volcó sobre el área local y forzó una acción decisiva: penalti en el tiempo añadido. Fran Sol asumió la responsabilidad sin titubeos y transformó la pena máxima con sangre fría, silenciando el Municipal y sellando un empate que sabe a victoria moral.
Un punto que vale oro
El 2-2 final deja sensaciones contrapuestas: frustración local por dejar escapar el triunfo y alivio visitante por sobrevivir en una de las salidas más complejas del calendario. El Hércules demuestra que compite, que no se cae y que tiene colmillo incluso cuando el partido se pone cuesta arriba. En Tarazona, sumar ya es mucho. Y los alicantinos lo hicieron a pulso.