Una recuperación de Diego Villares dejó al Deportivo a un pase —o a un disparo— de ganar al Levante. El capitán robó cerca del área, quedó ante Mathew Ryan y prefirió asistir a Jonathan Asp-Jensen. El danés remató al larguero en el minuto 88. La secuencia acabó sin gol y, horas después, Villares admitió una duda que ni él mismo puede resolver: quizá debió terminar la jugada.
Una decisión tomada en décimas de segundo
La oportunidad no nació de una combinación larga, sino de una acción del propio Villares sin balón. Su robo colocó al Deportivo en ventaja en el momento más delicado del partido, ya con el 1-1 en el marcador. El centrocampista optó por ceder la pelota al compañero que llegaba para finalizar.
Después, en la sala de prensa de Riazor, el capitán explicó que había salido desequilibrado de la recuperación y no tenía una referencia clara de su posición respecto a la portería y a los rivales que podían aparecer por la derecha. «Igual tiña que tirar eu. Nunca o saberemos», declaró, según recoge la información publicada por el RC Deportivo.
El detalle importa porque cambia la lectura de la ocasión. Vista desde la grada, la jugada parecía ofrecer un mano a mano que Villares renunció a resolver. Desde el césped, sin embargo, el futbolista acababa de disputar un balón y necesitó decidir mientras recuperaba el equilibrio. El pase fue una elección comprensible en ese contexto; el remate al travesaño la convirtió en una de las acciones más dolorosas de la noche.
El peso del último pase en un centrocampista de recorrido
Villares no es un delantero habituado a fijar la mirada en la portería tras recuperar el balón. Su papel habitual exige interpretar coberturas, cerrar espacios y llegar a las segundas jugadas. Precisamente una de esas virtudes —anticiparse y ganar la posesión— fabricó la ocasión más clara del tramo final.
El capitán ironizó sobre su falta de instinto goleador, pero reducir la jugada a esa explicación sería injusto. En una ocasión de dos contra uno, la decisión de pasar no es necesariamente peor que rematar. El valor del robo inicial y la elección del último gesto deben analizarse por separado del desenlace.
El Dépor también necesita defender mejor sus ventajas
El empate tuvo una secuencia muy concreta: Nsongo Bil adelantó al Deportivo en el minuto 63; Requena igualó en el 82, en una acción que acabó penalizando a Leo Román; y seis minutos después Asp-Jensen estrelló en la madera la ocasión del 2-1. El equipo de Antonio Hidalgo se marchó así con un punto y la sensación de haber dejado escapar dos.
Villares puso también el foco en una carencia colectiva: la dificultad para mantener la portería a cero. A su juicio, el Deportivo no concede tantas ocasiones como para recibir goles con esa frecuencia. El mensaje conecta con la autocrítica del entrenador tras el partido: en Primera División no basta con sostener muchos minutos de buen juego si las dos áreas siguen decidiendo en contra.
La lectura del capitán no invita a esconderse detrás del larguero. El Deportivo tendrá que revisar cómo protege sus ventajas y cómo transforma los momentos de superioridad en más ocasiones. El desarrollo completo del empate contra el Levante muestra por qué el partido dejó tanta frustración. Y el análisis individual de M90 sitúa a Villares entre los futbolistas más consistentes de la noche.
En su intervención posterior, el capitán también recordó que nueve jornadas son una muestra demasiado pequeña para sacar conclusiones definitivas sobre la temporada. La prioridad, dijo, sigue siendo trabajar y corregir errores. El fútbol no le devolverá la oportunidad perdida ante Ryan, pero sí le ofrecerá nuevas decisiones parecidas. La próxima vez quizá elija disparar.
