El empate ante el Levante dejó al Deportivo en una posición incómoda: fue capaz de adelantarse, tuvo la ocasión de sentenciar y terminó cediendo dos puntos por un error evitable. No fue una actuación redonda ni un mal partido de todos. Yeremay volvió a generar ventajas por sí solo, Nsongo Bil encontró el premio a su trabajo entre centrales y Villares sostuvo el equilibrio del equipo. La diferencia estuvo en la capacidad para convertir esos argumentos en una victoria.
El equipo de Antonio Hidalgo acabó con 13 remates, cinco a portería y 1,06 goles esperados, frente a los 11 disparos, cuatro entre palos y 0,83 xG del Levante. El balance es ajustado y explica por qué no basta con atribuir el resultado a una sola acción. La crónica del 1-1 en Riazor recoge la secuencia del encuentro. Estas son las valoraciones individuales de M90, puntuadas sobre diez.
El once inicial del Deportivo
Leo Román — 4 | Un error de demasiado peso. Había intervenido con seguridad y evitó un gol en la primera parte ante Bardeli, en una acción en la que el balón cambió de dirección. También ayudó a encontrar a Nsongo mediante envíos largos, un recurso útil para evitar la presión del Levante. Sin embargo, el remate cruzado y relativamente blando de Requena pasó por debajo de su cuerpo. Un portero puede hacer muchas cosas bien y aun así ser determinante negativamente en el resultado: fue exactamente lo ocurrido. Nota baja por una acción decisiva, no por una noche entera de fallos.
Ximo Navarro — 5 | Sin profundidad ni dominio de su costado. Le costó encontrar una relación productiva entre la vigilancia defensiva y la incorporación al ataque. Thiago Fernández generó dificultades por su sector y el lateral apenas pudo acompañar las progresiones ofensivas. Hidalgo lo sustituyó en el minuto 62 por Altimira buscando otro perfil en la derecha. Un encuentro funcional a ratos, pero sin verdadera influencia.
José María Giménez — 5,5 | Recuperación tras una concesión peligrosa. Una entrega equivocada abrió una ocasión importante para el Levante durante la primera mitad, un error especialmente delicado en un partido cerrado. Después corrigió su actuación, sostuvo duelos con los delanteros visitantes y volvió a imponerse en acciones de área. El carácter para recomponerse cuenta, aunque su equivocación impide valorar la actuación como sobresaliente.
Bright Ede — 6 | Seguridad creciente y final con preocupación. Su continuidad como titular empieza a traducirse en una pareja de centrales más reconocible junto a Giménez. Se mostró competitivo en los contactos, atento a los delanteros y con menos intervenciones precipitadas que en anteriores etapas de adaptación. Terminó pidiendo el cambio por molestias musculares en el minuto 85. Su salida deja una incertidumbre física que puede ser más importante para los próximos encuentros que cualquier detalle de su nota.
Giacomo Quagliata — 7 | El lateral que más amenazó. Abrió el campo por la izquierda y aportó profundidad cuando el Dépor no encontraba líneas interiores limpias. Tuvo una de las mejores ocasiones del partido con una volea muy exigente que obligó a Ryan a intervenir. No se limitó a acompañar la jugada: fue un recurso para ganar metros, ofrecer una salida por fuera y amenazar desde una segunda altura. De los más completos.
Diego Villares — 7 | El sostén del equipo. Interpretó cuándo debía proteger a los centrales y cuándo podía incorporarse. Su trabajo de recuperación y cobertura resultó esencial en un centro del campo que no siempre logró controlar el ritmo. Con el partido roto al final, leyó bien una recuperación y eligió asistir a Asp Jensen, que tuvo en sus botas la posibilidad del 2-1. Un rendimiento de mucho oficio, con acciones útiles a ambos lados del balón.
Riki Rodríguez — 5,5 | Trabajador, pero lejos de su zona natural. Su función varió al desplazarse hacia un costado y compensar los movimientos interiores de Yeremay. Eso le exigió vigilancia y disciplina, pero le restó presencia donde mejor puede ordenar el juego: cerca de la pelota y de las conexiones centrales. Mejoró cuando pudo participar por dentro. No fue un problema grave, pero tampoco una solución diferencial.
Mario Soriano — 5,5 | Demasiado lejos del último pase. Participó en la elaboración y apareció en zonas retrasadas para facilitar la salida ante la presión rival. También probó a Ryan en el comienzo. El inconveniente es que, al retroceder tanto, el Deportivo perdió una de sus principales fuentes de último pase cerca del área. Su influencia ofensiva fue de más a menos. No se le puede exigir presencia en el área si el funcionamiento colectivo le obliga constantemente a ayudar en el inicio.
Luismi Cruz — 4,5 | Destellos sin continuidad. Apareció en alguna acción de desequilibrio y amenazó pronto con un disparo, pero su participación fue demasiado intermitente. No consiguió ser una vía constante para progresar ni ofrecer soluciones claras en el último tercio. Recibió una amonestación antes del descanso y dejó el campo en el minuto 62. El equipo necesitaba algo más de un futbolista llamado a atacar espacios y rivales con ventaja.
Yeremay Hernández — 8 | El futbolista que cambiaba las jugadas. Fue el principal foco de superioridad ofensiva. Recibió, condujo, atrajo adversarios y consiguió que situaciones aparentemente controladas por el Levante acabaran en peligro. Su intervención en la jugada del 1-0 —superando rivales y provocando el balón que aprovechó Nsongo— expresa mejor que ninguna estadística su peso en el equipo. Jugó incluso después de recibir un golpe en la cabeza. Su salida en el minuto 80 dejó al Dépor sin la herramienta individual más fiable para desorganizar al contrario. El mejor blanquiazul.
Nsongo Bil — 7,5 | Una referencia real, más allá del gol. Pasó gran parte del partido midiendo fuerzas con Dela y Ndukwe, disputando balones aéreos y dando al Deportivo una salida directa cuando le resultaba difícil combinar. No siempre resolvió bien los controles ni las primeras ocasiones, pero su trabajo obligó a los centrales a estar pendientes de él. Marcó el 1-0 en el minuto 63 al aprovechar la acción nacida de Yeremay. Su primer gol en Primera vale especialmente por lo que debe significar en confianza, pero su aportación no comenzó en el remate.
Los cinco cambios de Antonio Hidalgo
Adrià Altimira — 4,5 | Una entrada sin el cierre esperado. Sustituyó a Ximo en el 62. Su incorporación permitió modificar la estructura de la derecha, pero le faltó decisión con balón y concedió demasiado margen en el sector por el que Requena consiguió conectar el remate del empate. No fue el único responsable de la jugada, aunque el espacio ofrecido pesa en su valoración.
Adama Traoré — 6,5 | Velocidad para ensanchar el partido. Entró junto a Altimira y aportó un perfil vertical que el Deportivo necesitaba. Atacó por fuera, obligó a retroceder a su marcador y conectó un disparo potente al que respondió Ryan. Le faltó precisión en alguna resolución, pero su aparición dio profundidad y permitió alterar el posicionamiento del Levante. Un cambio con efecto táctico reconocible.
Angeliño — 5,5 | Energía y amplitud en pocos minutos. Entró en el 80 por Riki. Participó por la izquierda, ofreció amplitud y buscó centros para cargar el área cuando el Deportivo necesitaba llegar de nuevo. No tuvo continuidad suficiente para dejar un gran impacto, pero sí voluntad de intervenir en campo contrario.
Jonathan Asp Jensen — 4,5 | El partido le cayó a los pies. Reemplazó a Yeremay y tuvo la oportunidad más clara para devolver la ventaja al Deportivo. Villares encontró el pase y su remate acabó estrellándose en el larguero en el minuto 88. En una evaluación de suplente debe pesar la dificultad de entrar con el encuentro avanzado, pero también la calidad de una ocasión que podía decidirlo. Su error pesa sin necesidad de convertirlo en el único culpable del empate.
Miguel Loureiro — Sin calificar | Relevo de emergencia. Sustituyó al lesionado Ede en el minuto 85. Dispuso de muy poco tiempo y su intervención fue básicamente defensiva. No sería riguroso otorgarle una nota numérica equiparable a la de los jugadores que disputaron gran parte del encuentro.
El análisis: un equipo con recursos que sigue sin cerrar los partidos
El Deportivo tuvo varias vías de amenaza: el uno contra uno de Yeremay, el juego de espaldas de Nsongo, las incorporaciones de Quagliata y el recorrido de Villares. Su problema fue convertir esas acciones en un dominio sostenido. La elaboración dependió demasiado de que Soriano retrocediera y de que Yeremay solucionara jugadas complicadas por talento individual.
Hidalgo encontró respuestas parciales con la entrada de Adama, pero el equipo no sostuvo la ventaja. El error de Leo Román tuvo una repercusión indiscutible; reducir el 1-1 a la actuación del portero, sin embargo, ocultaría tanto las dificultades previas para mandar en el partido como la ocasión de Asp Jensen para ganarlo al final. El entrenador insistió después en la necesidad de acertar en las dos áreas. Esa es también la idea que mejor resume las notas: talento y esfuerzo suficientes para competir, pero todavía no para convertir los buenos momentos en tres puntos.
