El Deportivo ha dejado de comportarse como un recién ascendido asustado. Compite, responde cuando recibe golpes y encuentra fases en las que manda incluso ante rivales hechos a la categoría. La asignatura pendiente empieza a estar en otro sitio: convertir esa competitividad en partidos cerrados antes de que el rival vuelva a entrar.
En Getafe volvió a suceder. El equipo de Antonio Hidalgo generó situaciones suficientes para llevarse algo más que un empate, reaccionó al contexto y terminó con la sensación de haber dejado dos puntos por el camino, una lectura que también dejó el uno por uno del Dépor en el Coliseum. No es una mala noticia que un recién ascendido salga de un campo así pensando de esa manera; al contrario. El problema aparecería si esa sensación se repite demasiadas veces.
Ya no basta con competir bien
El primer objetivo de cualquier equipo que vuelve a Primera después de tantos años suele ser sobrevivir al ritmo de la categoría. No quedar descolgado, no sufrir cada partido como una persecución y demostrar que puede sostenerse. El Deportivo, de momento, está por encima de ese listón. Tiene balón, tiene fases de dominio, tiene recursos desde el banquillo y, sobre todo, transmite la sensación de que puede discutir los partidos de tú a tú.
Eso cambia la exigencia. Cuando un equipo demuestra que puede competir, la vara de medir sube sola. Ya no vale tanto con decir que el rival era duro, que el campo era complicado o que el empate fuera de casa es bueno. Todo eso puede ser verdad, pero si durante veinte o treinta minutos tienes al contrario sometido, necesitas hacer daño.
Ahí está el siguiente salto. No en cambiar de modelo, ni en volverse más conservador, ni en renunciar a lo que le ha llevado hasta aquí. Está en reconocer el momento del partido en el que toca rematarlo.
La diferencia está en cerrar los partidos
El Dépor tiene talento arriba, velocidad, centrocampistas con llegada y un delantero como Aubameyang que ha empezado el curso marcando con enorme regularidad, hasta el punto de marcar en las cinco primeras jornadas. También dispone de futbolistas capaces de cambiar el ritmo desde el banquillo y de una segunda línea que cada vez pisa más zonas decisivas.
Pero tener recursos no es lo mismo que convertirlos en ventaja definitiva. Muchas veces la diferencia entre un equipo que suma y otro que despega está en cinco minutos. En una presión alta bien ejecutada. En una segunda jugada que cae de tu lado. En un pase más vertical cuando el rival empieza a recular. En detectar que el partido está pidiendo un segundo gol y no conformarse con que el plan esté funcionando.
El Deportivo está generando esos momentos. Y eso, para un equipo recién ascendido, es una magnífica señal. Lo que debe aprender ahora es a castigarlos. Porque Primera perdona muy poco cuando dejas vivo a un rival que ya estaba contra las cuerdas.
Hidalgo también está gestionando otra plantilla
Hay además un factor que no conviene separar del análisis. Este Dépor tiene más fondo de armario, más competencia interna y más futbolistas capaces de alterar un partido desde perfiles distintos. Hidalgo ya no está gestionando únicamente un once reconocible, sino una plantilla con soluciones.
Eso obliga a afinar mucho más la lectura de los tramos decisivos. Hay partidos en los que el cambio debe servir para proteger una ventaja y otros en los que tiene que servir para aumentarla. La clave estará en no confundir control con conformismo. Un equipo puede estar cómodo con balón y, sin embargo, no estar haciendo suficiente daño.
El propio crecimiento del centro del campo va en esa dirección. La competencia entre Mario Soriano, Amatucci, Casadó y el resto de opciones permite imaginar un Deportivo capaz de modificar registros sin perder identidad. Esa riqueza debe traducirse también en una mayor capacidad para acelerar cuando el partido lo pide.
Sevilla y Betis, un examen perfecto
La doble cita en Riazor ante Sevilla y Betis permitirá medir esa evolución. Dos partidos en casa, dos rivales de nivel y muy poco margen entre uno y otro. Más que una prueba de clasificación, será una prueba de madurez.
El Sevilla llega avisado. Luis García Plaza ya ha dejado claro que no ve al Deportivo como un recién ascendido normal y ha destacado tanto la calidad de la plantilla como el trabajo de Hidalgo. Eso también habla del cambio de estatus competitivo del equipo: el Dépor ya no sorprende, empieza a ser estudiado.
Y cuando los rivales empiezan a respetarte, también empiezan a prepararte mejor. Ahí aparecerá otra frontera. Encontrar soluciones cuando el contrario ya sabe lo que quieres hacer, sostener el ritmo cuando te cierran tu primera vía de ataque y, sobre todo, transformar el dominio en ventaja antes de que llegue el ajuste rival.
El Dépor no necesita cambiar su identidad. Necesita que lo que ya hace bien durante muchos minutos tenga más premio. Competir como un Primera ya lo está haciendo. El siguiente paso es aprender a ganar como uno.