El Deportivo salió del Coliseum con un punto, pero el partido dejó una escena que explica bastante más que el 1-1. Hasta la pausa de hidratación, el equipo de Antonio Hidalgo estaba incómodo, llegando tarde a los duelos y encontrando demasiadas dificultades para progresar con balón. Después de ese parón, el encuentro cambió. En la crónica del empate ante el Getafe ya se vio esa transformación: el Dépor pasó de sobrevivir a mandar durante muchos minutos.
No fue una cuestión de actitud en el sentido más simple. Fue, sobre todo, una corrección de estructura. El Deportivo empezó a encontrar mejores alturas en la salida, Mario Soriano recibió con más libertad y el equipo consiguió superar con mayor limpieza la primera presión del Getafe. Cuando eso ocurrió, cambió también todo lo demás: la posesión dejó de ser defensiva, los laterales pudieron ganar metros y el partido empezó a jugarse más cerca de David Soria.
Hidalgo corrigió antes de que el partido se le escapase
El mérito de Hidalgo estuvo en detectar el problema pronto. El Getafe había conseguido llevar el encuentro a su terreno: duelo, segunda jugada, balón dividido y ataques cortos. El Deportivo entró en ese partido durante demasiado tiempo y estuvo cerca de pagarlo. La pausa permitió recolocar piezas y, sobre todo, recuperar una idea que el equipo había perdido en el arranque: jugar desde el balón y no desde la pelea.
Desde ese momento, el Dépor empezó a construir mejor. La circulación tuvo más pausa, hubo más apoyos por dentro y los ataques dejaron de depender exclusivamente de ganar metros en conducción o de un envío directo. No fue casualidad que las mejores ocasiones antes del descanso llegasen precisamente después de ese reajuste.
El propio Hidalgo reconoció después que el equipo fue creciendo y que acabó generando «ocasiones de todos los colores». Esa frase resume bien lo que ocurrió: el Deportivo no dominó desde el principio, pero sí supo encontrar soluciones dentro del partido.
El banquillo cambió otra vez el escenario
La segunda lectura importante está en la profundidad de plantilla. Cuando Terrats adelantó al Getafe, el Deportivo no quedó reducido a una única respuesta. Hidalgo pudo recurrir a Yeremay, Adama Traoré y Zaka Eddachouri, futbolistas capaces de cambiar el ritmo de un encuentro ya muy cargado de metros y cansancio.
Yeremay volvió a ser determinante sin necesidad de completar noventa minutos. Su asistencia a Aubameyang en el 1-1 fue la acción más visible, pero su entrada también obligó al Getafe a defender más atrás. El canario recibió, encaró y consiguió que la defensa local dejase de saltar con tanta agresividad. Eso abrió espacios para los demás.
Aubameyang hizo el resto. El gabonés atacó el área con la precisión de quien sabe dónde va a aparecer el balón antes de que llegue. Su gol amplió un arranque extraordinario: ha marcado en las cinco primeras jornadas de LaLiga y ya está dando puntos en partidos que el Dépor no consigue dominar por completo.
La mejor noticia no es el empate
El punto mantiene al Deportivo invicto, pero esa no debería ser la conclusión principal. La mejor noticia es que el equipo mostró capacidad para modificar un partido que estaba jugando mal. En Primera, eso vale casi tanto como una buena puesta en escena.
El Dépor todavía tiene margen para mejorar en el inicio de los encuentros, especialmente cuando el rival lo obliga a vivir lejos del balón. Pero Getafe dejó una señal importante: cuando Hidalgo mueve la estructura y el banquillo responde, el equipo tiene herramientas para cambiar el guion sin necesidad de esperar a que el partido se rompa por completo.
El empate deja dos puntos menos de los que pudo llevarse el Deportivo, pero también una certeza más. Este equipo no solo compite: empieza a demostrar que sabe corregirse sobre la marcha.
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