La expulsión de Marcos Alonso cambió el partido ante Osasuna, pero el análisis no puede terminar ahí: el Celta perdió orden, área y capacidad de respuesta en apenas unos minutos.
La derrota del Celta ante Osasuna admite una lectura inmediata y evidente: la roja directa a Marcos Alonso en el minuto 51 alteró por completo un encuentro que el equipo de Claudio Giráldez tenía controlado. Pero quedarse solo en la decisión arbitral sería demasiado cómodo. El 1-2 dejó también una pista futbolística que merece atención: cuando el partido se desordenó, el Celta tardó demasiado en volver a encontrarse.
M90 ya contó en la crónica del Celta-Osasuna cómo el equipo pasó del 1-0 al 1-2 en un tramo muy corto de la segunda mitad. El contexto importa, porque jugar con diez condiciona cualquier plan. Pero precisamente ahí aparece el debate: ¿qué recursos tiene este Celta cuando deja de poder jugar el partido que había preparado?
Antes de la roja, el Celta sí estaba jugando su partido
La primera parte tuvo bastante de manual de Giráldez. Salida limpia, posesiones largas, Miguel Román e Ilaix Moriba dando continuidad por dentro y una estructura que permitía a Iago Aspas recibir donde más daño hace. El gol del capitán llegó en el minuto 14 después de una acción en la que volvió a aparecer esa capacidad suya para recibir entre líneas, perfilarse hacia dentro y decidir.
Durante muchos minutos, Osasuna tuvo que replegar. El propio RC Celta destacó después del encuentro que el equipo había llevado el partido de cara durante cerca de una hora, y los datos respaldan esa sensación: el conjunto celeste llegó a manejar porcentajes de posesión muy altos durante el primer tramo y alcanzó el descanso sin sufrir ocasiones claras de su rival.
Ese escenario desapareció con la expulsión. Y con él desapareció también buena parte de la seguridad que había mostrado el equipo.
El 1-1 es más preocupante que la roja
Giráldez fue especialmente claro después del encuentro. Más allá de la decisión arbitral, señaló que su equipo había defendido “mal” la acción del empate incluso teniendo superioridad numérica dentro del área. Ese detalle es importante porque desplaza el foco desde el árbitro hacia el funcionamiento colectivo.
La expulsión obliga a reajustar alturas, referencias y coberturas, pero no explica por sí sola que Kike Barja aparezca libre para el 1-1 pocos minutos después. El Celta perdió marcas, llegó tarde a la segunda jugada y permitió que Osasuna encontrase una situación limpia en el área justo cuando el partido pedía lo contrario: pausa, concentración y supervivencia.
Ese gol fue el verdadero punto de inflexión. Con diez, todavía había partido. Con el 1-1 y el equipo desordenado, Osasuna entendió que era el momento de acelerar.
Ramis leyó mejor el nuevo partido
Luis Miguel Ramis reaccionó introduciendo piernas y presencia ofensiva. Rubén García y Ante Budimir aumentaron la amenaza y obligaron al Celta a defender más cerca de Radu. El segundo gol llegó de penalti, tras una acción de Javi Galán, pero para entonces la dinámica ya había cambiado por completo.
Osasuna terminó el encuentro con 13 remates y convirtió la última media hora en un partido de ataques, centros y segundas jugadas. Justo el tipo de contexto que menos favorecía al Celta. Giráldez trató de recomponer el equipo con Starfelt primero y después con Hugo Álvarez, Jones El-Abdellaoui y Ferran Jutglà, pero el conjunto celeste ya no recuperó la misma claridad con balón.
Ahí aparece una cuestión que va más allá de este partido: el Celta tiene una identidad muy reconocible cuando puede mandar, juntar pases y atraer al rival. La siguiente evolución consiste en ser igual de fiable cuando el guion se rompe.
El reto: aprender a sobrevivir
Los equipos que quieren competir arriba no solo ganan cuando dominan. También necesitan saber enfriar un partido, defender un área durante diez minutos, renunciar temporalmente a la presión alta o gestionar una inferioridad sin conceder dos golpes seguidos.
Ese aprendizaje será especialmente importante en una temporada exigente, con Europa League y un calendario que multiplicará los escenarios incómodos. El Celta ya conoce además sus posibles rivales europeos, como contamos en el análisis de los bombos de la Europa League, y ese salto competitivo obligará a dominar registros que van más allá del plan inicial.
La derrota ante Osasuna no invalida el buen primer tiempo ni convierte en problema estructural una mala media hora. Pero sí deja una señal. La roja explica por qué cambió el partido; no explica por qué el Celta tardó tanto en adaptarse a ese cambio.
Giráldez tiene ahora una oportunidad inmediata para corregirlo. El domingo vuelve Balaídos y llega el Athletic. Será otro partido, otro contexto y probablemente otro tipo de exigencia. La mejor respuesta no será discutir la roja de Marcos Alonso, sino demostrar que este Celta también sabe competir cuando el fútbol deja de jugarse como estaba previsto.