El Celta Fortuna se juega este sábado en El Toralín algo más que el ascenso histórico a Segunda División. Detrás de la eliminatoria ante la Ponferradina hay más de 10 millones de euros en juego para las arcas del club vigués, una cifra que convierte esta final en uno de los partidos más importantes de la historia reciente del celtismo.
Jugar en Segunda División es jugar en el fútbol profesional, y eso tiene un precio. El contrato televisivo asociado a la categoría de plata reportaría al Celta un mínimo de cinco o seis millones de euros solo por derechos de imagen. A esa cantidad base habría que sumar otros ingresos derivados de patrocinadores, venta de entradas y explotación comercial que podrían elevar el impacto económico total por encima de los 10 millones.
No es una cifra menor, ni siquiera para un club de la dimensión del Celta. Y en la Sede lo saben bien: el ascenso del Fortuna figura como una de las prioridades del club esta temporada, no solo por el valor deportivo de ver a los jóvenes celestes competir en el fútbol profesional, sino porque los números respaldan esa apuesta con contundencia.
El límite salarial, bajo control
El otro lado de la ecuación es el gasto. Jugar en Segunda implica fichas más altas y mayor estructura, lo que inevitablemente afecta al límite salarial del club. Sin embargo, desde Vigo no hay alarma en ese sentido: el Celta tiene margen suficiente para asumir el incremento que supondría la incorporación del Fortuna al fútbol profesional sin que eso comprometa la planificación del primer equipo, inmerso en su propio mercado de verano de cara a la temporada europea.
La coexistencia de ambos proyectos —primer equipo en LaLiga EA Sports con Europa incluida y filial en Segunda— es perfectamente viable en lo económico. Y además tiene un valor añadido que no aparece en ningún balance: casi toda la plantilla del Fortuna tendría la oportunidad de probarse en el fútbol profesional antes de dar el salto definitivo al primer equipo.
Una final, dos partidos, una historia por escribir
El Celta Fortuna, único filial de los grandes en esta final, afronta la ida este sábado 13 de junio en El Toralín de Ponferrada (18:30 h). La vuelta se disputará el sábado 20 en un Balaídos que ya colgó el cartel de lleno. Dos partidos para decidir si el filial celeste escribe el capítulo más importante de su historia. Y de fondo, más de 10 millones de razones para lograrlo.